miércoles, 27 de junio de 2018

Hipótesis sobre el caso de Bella en el Olmo de las Brujas



Bella en el Olmo de las Brujas

Determinados casos parecen envueltos por un velo de sombras y enigmas que permanecen enraizados como misterios indescifrables. A lo largo de la historia se supo de muertes inexplicables, asesinatos nunca resueltos que atrapan la imaginación de las personas y resisten a las más intensas investigaciones. Este caso de homicidio jamás resuelto se vio acompañado por rumores sobre brujería, espionaje y toda clase de rarezas destinadas a nunca encajar como la solución.

Bella en el Olmo de las Brujas

Bella en el olmo de las brujas, es la triste historia de una mujer desconocida que parece haber surgido de la nada cuyo cuerpo sin vida fue descubierto en condiciones extrañas,  en el interior de un árbol en las profundidades de un bosque con fama de embrujado  en Inglaterra. Los hechos se desarrollaron en épocas de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo entero aguantaba la respiración temerosa de su destino.

La Historia del cadáver hallado en el olmo

Esta misteriosa historia real comienza con 4 chicos de entre 12 y 15 años, llamados Fred, Thomas, Robert y Bon . Era el 18 de abril de 1943 cuando este un grupo de  adolescentes se toparon con una aterradora escena en el  interior del Bosque Hagley, en la zona rural de Worcestershire en el  interior de Inglaterra.
Los chicos se encontraban en la cacería de conejos cuando cruzaron una cerca que de una propiedad privada, estaban nerviosos, porque sabían que  no debían  ingresar en aquella zona. Por si fuera poco, ese día particular según cuentan las crónicas de la época estaba nublado, frío y silencioso. A los jóvenes les llamó la atención un gran olmo de apariencia siniestra y espectral, un árbol de ramas secas y retorcidas con grandes brazos frondosos, se trataba de un árbol bastante conocido en la región al que los locales habían apodado Wych Elm (Olmo de las brujas), aunque nadie sabía los motivos.
El bosque tenía fama de ser un sitio solitario, estaba rodeado por toda clase de rumores sobre brujas, maldiciones y hadas malignas que habitaban en el interior. Desde la Edad Media, este lugar sirvió como fuente de inspiración para toda clase de supersticiones e historias paranormales. Cuando la noche caía, los viejos árboles se cubrían de sombras y adquirían una apariencia  siniestra.  Se creía que el espíritu de una bruja podía ser encerrado con existo dentro del hueco un árbol en este bosque embrujado donde antiguamente se habían realizado sacrificios.
La historia de este lugar empeoraría  todavía  más el día que los adolescentes tropezaron con algo impactante que se convertiría en un gran misterio debatido hasta  el día de hoy. Los jóvenes empezaron a desafiarse para ver quién era el primero en tocar el tronco. El mayor de los todos aceptó el reto y se acercó con cautela atravesando un suelo repleto de raíces expuestas y vegetación pequeña.
A medida que se acercaba al olmo,  vislumbró el espacio hueco en el centro del árbol que muchas personas afirmaban que se trataba de una puerta al infierno, recordemos que a lo largo de la historia, las diferentes culturas han elaborado sus propias versiones del infierno y, paralelo a esto, también han surgido las leyendas sobre supuestos lugares que funcionan como portales de intercambio entre la Tierra y el mundo de los demonios. Toda esta riqueza de creencias populares ha contribuido a que algunos de los sitios más insólitos alrededor del mundo sean considerados como “portales al infierno” hasta nuestros días.
 Regresando a los jóvenes, el mayor de ellos que se atrevió acercarse al olmo notó un brillo que emanaba del interior y cuando la curiosidad pudo más que el miedo extendió la mano para tomarlo. Totalmente horrorizado, supo que había tomado un cráneo humano, resultaba evidente que el cadáver había sido cuidadosamente dispuesto en aquel espacio.
El joven reaccionó con un grito, momento en que los demás acudieron a observar por cuenta propia. Una vez que el terror se apoderó de todos, decidieron emprender la huida y no contar a nadie sobre aquel descubrimiento macabro.
El secreto era una carga demasiada pesada para unos niños y uno de ellos acabó por contarles todo a sus padres. Ellos llamaron a la Policía, y pronto un grupo de agentes y de vecinos voluntarios rastrillaba el bosque. Dentro del olmo encontraron la calavera y el resto del cuerpo, a excepción de una mano que apareció a bastante distancia del árbol.
Las características del hallazgo alimentaron hipótesis acerca de un ritual pagano. El cuerpo estaba tan encastrado dentro del árbol que tuvieron que llamar a un leñador para poder removerlo.
Hay historias de reuniones de brujas y hechiceros en ese bosque desde la década de 1940. Ese árbol era el sitio ideal para esconder un cadáver
Cuando los detectives inspeccionaron la escena, encontraron la osamenta intacta en el mismo lugar donde la habían descubierto los jóvenes. Encontraron también restos de un vestido sencillo, zapatos con suela de caucho, un anillo de oro en la mano izquierda y un chaleco tejido sobre los hombros. Al interior de la boca encontraron un pequeño cilindro con un trozo de tela amarillo enredado y depositado cuidadosamente en ese lugar.
Lo único que faltaba era la mano derecha, y se encontró evidencia de que había sido cercenada con una sierra. El asesino se había llevado la mano del cadáver. Los investigadores también descubrieron restos de cinco velas que fueron colocadas y consumidas por completo en el interior del árbol. No encontraron motivo o indicio alguno de porque el cuerpo había sido dispuesto en ese lugar, pero la ausencia de la mano y las velas apuntaban a un asesinato ritual.
En el laboratorio forense, el profesor James Webster llevó a cabo un primer análisis. Determinó que los huesos pertenecían a una mujer de aproximadamente 35 años de edad que poseía una estructura dental irregular, había concebido al menos una vez en la vida y su muerte se había suscitado aproximadamente año y medio antes.
Dado que no se encontraron signos evidentes de trauma en los huesos, aparentemente había muerto asfixiada por aquel trozo de tela que habían puesto en su boca. Además, su cadáver había sido dispuesto al interior del Olmo de las brujas poco después de su muerte o mientras agonizaba. No encontraron ninguna otra evidencia y la mujer permaneció  desconocida.





Los análisis forenses no pudieron precisar la identidad de la difunta, pero sí determinaron que era una mujer de mediana edad, de contextura pequeña, cabellos negros, dientes irregulares, y que había dado a luz al menos una vez. Dadas las dimensiones del tronco del Olmo, el forense dedujo que fue colocada allí cuando aún estaba caliente, ya que el rigor mortis posterior hubiese imposibilitado la tarea. Eso permitía afirmar que la mujer había sido introducida en su sepulcro vegetal recién muerta o quizás todavía con vida.
También pudieron comprobar que los pies habían sido metidos primero, algo que difícilmente podría haber hecho una sola persona. Llegados a ese punto, la investigación no pudo seguir adelante,  el cuerpo sencillamente desapareció, al igual que todos los registros. ¿Qué sucedió con los archivos del laboratorio? Esa es una pregunta interesante. No sabemos qué pasó, dónde están los registros o cualquier otra propiedad del laboratorio sobre el caso en la actualidad, ni la Oficina de Registro Nacional, ni la Universidad de Birmingham tienen los archivos forenses o el cuerpo, ni registros de haberlos recibido alguna vez: todo simplemente desapareció.
Joyce M. Colley, autora del libro "Bella, un asesinato sin resolución", que trata acerca del caso, está convencida de que hubo un intento deliberado de despistar a cualquier persona que intentara indagar sobre lo ocurrido.
"¡Y de qué forma fue encubierto! Me gustaría saber por qué. Cuando se pide información, ver el esqueleto o se pregunta algo, siempre se acaba chocando con una pared", se queja en declaraciones al mencionado medio.
Coley recuerda que en su momento, la Policía revisó inútilmente miles de registros en procura de identificar el cadáver. Incluso maneja el dato, aunque reconoce que podría no ser fidedigno  de que llegó a circular un identikit donde se presentaba a una mujer de pollera marrón, enagua verde, buzo estampado y una alianza barata.
Sin cuerpo, sin registros ¿Cómo supieron que se llamaba Bella? En realidad no está demostrado que ese fuera el nombre, pero fue bautizada así por causa de ciertos hechos ocurridos después del hallazgo del cadáver.
Fue cerca de dieciocho meses después del descubrimiento. Comenzaron a aparecer pintadas que preguntaban, con enormes letras '¿Quién puso a Bella en el Olmo?' Daba la impresión de que alguien sabía algo sobre el crimen, y se comenzó a buscar entre los reportes de personas desaparecidas para ver si había alguna Bella, Anabella o Isabella. El nombre surgió de ahí", cuenta la escritora.
La difunta había sido bautizada para la posteridad, si bien nunca se confirmó que tal nombre fuese el verdadero. La policía no logró resolver el caso. Jamás identificaron a la mujer ni al autor de los graffitis. Los muchachos que descubrieron por accidente el cuerpo no quisieron volver al lugar de los hechos. El tenebroso olmo del hallazgo se secó e incluso el esqueleto de la presunta ‘Bella’ tiene actualmente paradero desconocido.



Aproximadamente 2 años después del hallazgo, la única pista que recibió la policía fue una denuncia en forma de carta. El hombre que la escribió aseguraba haber trabajado en una fábrica que se encontraba en el Bosque Hagley en la misma época en que murió la mujer. De acuerdo con el testimonio, escuchó unos gritos y corrió para ver que sucedía.
En el camino se encontró con otro hombre que aseguró haber escuchado lo mismo. En esa ocasión, llamaron a la policía para que determinara el origen de los gritos pero no encontraron nada. Respecto a este hombre misterioso, si es que realmente existió, jamás se supo nada.
El torrente de personas desaparecidas que se generó con la guerra frustró aún más la investigación. La limitada tecnología disponible en esa época y el hecho de que comunidades enteras simplemente iban de un lugar a otro, hicieron de este caso algo imposible de resolver.
Algunas de estas publicaciones aseguraban que sectas Druidas habían resurgido en el medio del bosque y que la muerte de la mujer formaba parte de un extraño ritual. Mientras tanto, otros apuntaban que el crimen había sido cometido por un ente sobrenatural que habitaba en las profundidades del bosque: un demonio, un muerto viviente, una maldición.
Toda clase de teorías surgieron aquí y allá. Tal vez la más aterradora (y menos viable) fue propuesta por una profesora del Kings College de Londres, una eminente antropóloga llamada Margareth Murray que había ganado popularidad por su trabajo en la investigación sobre cultos de hechicería en Europa occidental.
La profesora Murray estaba totalmente convencida de que “Bella” fue víctima de una conspiración encabezada por miembros de un culto de magia negra que la habían sacrificado en un ritual. En una polémica entrevista que ofreció a un periódico de Londres, aseguró que su mano había sido cercenada para que los ocultistas pudieran construir un poderoso artefacto místico conocido como Mano de la Gloria.
 La Mano de la Gloria o la Mano del Muerto. Se trata de uno los hechizos negros más temibles, heredado por la magia goética del medioevo, muy recurrido durante la Edad Media y el Renacimiento. La Mano de la Gloria era una herramienta poderosa que dejaba estupefactos e inmóviles a todos aquellos que la presenciaban, simplemente quedaban paralizados. Se trata de una mano humana momificada usada por los nigromantes para anestesiar a los residentes de determinado lugar, de esta forma el hechicero puede hacer lo que le venga en gana con la residencia. Se dice que fue originalmente concebida por ladrones que se adentraron en el mundo de las artes negras. Este hechizo era recurrido tanto para atacar a personas comunes, como para atacar a otros hechiceros. La creación de la Mano de la Gloria implica llevar a cabo un ritual horrible.
La profesora Margaret Murray presentó una teoría sobre la víctima: Bella sería una derivación de Belladona, la planta asociada a la brujería, al igual que el olmo escocés (witch elm) donde fue encontrada. La mano cortada sería parte de un ritual.




La teoría de la espía nazi.

Otra polémica teoría que surgió en años posteriores tenía que ver con una carta enviada al periodista Wilfred Byford-Jones, del periódico Wolverhampton Express and Star, en el año de 1953. Fue escrita por un personaje que firmó con el nombre de Anna Claverley, asegurando que tenía información fidedigna sobre la identidad de la mujer y los motivos de su muerte.
De acuerdo con esta carta, Bella era una espía de Alemania que fue enviada a la región en 1940 con la misión de inspeccionar el terreno y preparar un despliegue de paracaidistas. Se había hecho pasar como integrante de un circo ambulante, utilizando un personaje de inmigrante como fachada.
Eventualmente se supo la verdadera identidad de “Anna Claverley”, cuyo nombre real era Uma Mossop, inmigrante holandesa cuyo primo había sido acusado de espionaje en tiempos de guerra. Durante el interrogatorio, aseguró que su primo había asesinado a Bella para impedir que revelara la identidad de los espías.



La versión de un posible culpable

Jack Mossop, quien durante la guerra trabajaba en una fábrica de municiones. Según anécdotas de familiares, él estaba involucrado de algún modo en el asesinato de la mujer cuyo cuerpo se encontró en el olmo de Hagley Wood". En su confesión Mossop dice haberse encontrado en un pub con el misterioso holandés, que se llamaba Van Ralt, y quien estaba discutiendo con una mujer también holandesa. Según su relato, la mujer se desmayó y ellos la llevaron al bosque y la colocaron dentro del árbol. Van Ralt le dijo que volverían a buscarla al día siguiente, y Mossop sostuvo en su confesión familiar que la mujer estaba viva cuando la dejaron.
Uma su esposa afirmaba que por aquellos tiempos su marido comenzó a tener pesadillas recurrentes acerca de una calavera, un árbol y una mujer que lo confrontaba. Al parecer los hechos lo trastornaron profundamente, ya que apenas un año después murió en un hospital para enfermos mentales. Tenía 29 años. Con esta nueva información, la Policía intento dar con el tal Van Ralt, pero las pesquisas no tuvieron éxito y el caso fue cerrado rápidamente una vez más.
Rascando hasta el fondo en los archivos policiales, pudo hallarse una breve y al parecer olvidada declaración, fechada el  7 de abril de 1944.
Según el documento, un detective informó a su superior que una prostituta de Birmingham le había contado que una mujer llamada Bella, que también era meretriz y trabajaba en la misma calle que ella, había desaparecido tres años antes.
La identidad de la mujer aún se desconoce: durante la II Guerra Mundial, los archivos de desaparecidos de la zona estaban repletos, lo que entorpeció la investigación. También se desconoce dónde se encuentra actualmente el esqueleto de la mujer.
Con el paso de los años fueron apareciendo otras teorías sobre la identidad de la víctima: una gitana muerta durante un ritual, una empleada recién llegada a una taberna que fue asesinada por un cliente, una mujer que simplemente se ocultaba en el bosque buscando protección contra los bombardeos y terminó en manos de un asesino.
Y aunque surgieron muchas explicaciones, ninguna encajó perfectamente en los acontecimientos por lo que el caso fue nuevamente olvidado. Todo se redujo a simples especulaciones.
La última vuelta de tuerca en la historia de Bella tuvo lugar en 2009, año en que las autoridades solicitaron la exhumación de los restos para que las piezas dentales fueran examinadas por un grupo de dentistas forenses. Pretendían hacer una comparación de los dientes y extraer material de ADN para el análisis. Cuando retiraron la tierra de la sepultura, los médicos se quedaron mudos, el cuerpo había desaparecido. Al interior del ataúd no encontraron más que rocas y un artículo siniestro: los huesos de un pájaro que no pudo llegar hasta ese lugar sino por obra de alguien que excavó y desapareció con los restos de Bella.
Cualquier tipo de análisis moderno se vio imposibilitado ante la ausencia de ADN. En esa época, empezaron a surgir rumores de que la policía había recibido un extraño sobre anónimo que contenía un trozo de tela amarilla enredado cuidadosamente en un cilindro. La policía jamás confirmó o negó esta información.
En la historia de Inglaterra, el misterio de Bella resalta como uno de los más enigmáticos. Actualmente, la policía no sabe mucho más de lo pudo investigar en la fecha que se descubrió el cuerpo. Quién y porqué la mató son preguntas que probablemente jamás obtengan respuestas, y mejor ni hablar sobre la identidad de la mujer, o de la persona que escribió los mensajes.
Según el documento, un detective informó a su superior que una prostituta de Birmingham le había contado que una mujer llamada Bella, que también era meretriz y trabajaba en la misma calle que ella, había desaparecido tres años antes.
La identidad de la mujer aún se desconoce: durante la II Guerra Mundial, los archivos de desaparecidos de la zona estaban repletos, lo que entorpeció la investigación. También se desconoce dónde se encuentra actualmente el esqueleto de la mujer.

¿Espía, bruja, prostituta? Hasta ahora nadie ha sabido decir a ciencia cierta quién era Bella, o quién la metió en el olmo. ¿Quién puso a Bella en el olmo?” una pregunta que lleva más de 70 años sin respuesta. Bella en el olmo, es Un macabro caso que  la Policía británica no pudo resolver hace más de 70 años, que continúa intrigando y generando hipótesis.




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