viernes, 18 de octubre de 2019

Cuentos de Halloween "Tu vida por una Historia de terror" L.C.D



De: Historias de Halloween
Tu Vida por una Historia de Terror

 Era una tarde lluvia, los relámpagos iluminaban el viejo ventanal de la escuela, Franco observaba la cortina de agua cayendo sobre las baldosas del patio, la rayuela dibujada con tizas de varios colores por Laura y Sofía sus dos compañeras desaparecía. Franco Díaz tenía catorce años, no le agravada la noche de brujas, ni ninguna fecha especial, era algo solitario y un fecha festiva significaba tener que esforcé a socializar con otros niños, él no creía en los fantasmas, es más, a todo hecho paranormal le buscaba una explicación simple y lógica,  no se asustaba nunca con nada, lo suyo era la ciencia y la razón.
 Aquella tarde del viernes 31 de octubre, cuando Paula leyó su historia, a Franco le dio un ataque de risa en frente de todos sus compañeros, le dijo que  su relato era verdaderamente estúpido, que un fantasma jamás podría enamorarse de una persona viva y que más allá de todo tampoco existían los espectros. La profesora lo regañó poniéndole tarea doble para que se llevara a su casa, Franco, solía burlarse de sus compañeros de escuela, pese a ser un chico estudioso y aplicado en esta ocasión no escribió nada, las diversas lecturas de historias de terror de sus compañeros le parecían una pérdida de tiempo. 
En un momento el aula quedó en completo  silencio y la voz de una niña que provenía del fondo dijo: - Yo tengo una historia que me gustaría leer - . Todos se dieron vuelta y quedaron asombrados al descubrir que se trataba de Melisa Ross, una niña marginada que nunca hablaba con nadie.
-         No hace falta que leas ninguna historia boba, ya tuvimos suficientes, con tu apariencia siempre de negro, con eso ya logras asustar - Dijo Franco y todos rieron.
La profesora otra vez regañó a Franco poniendo un ítem más en su tarea extra y le pidió a Melisa Ross que leyera.
Ella comenzó a leer: Mi historia se llama “Sam, el que come corazones en Halloween”.  
 Aquella fría y tétrica noche de Halloween, Sam se despertó, no recordaba cuanto tiempo llevaba durmiendo, seguramente demasiados años,  pero lo que logró que despertara de su letargo fue que escuchó una lejana voz pronunciando su nombre –“Sam, Sam, despierta...”- Decía alguien musitando en su oído. Era medianoche y Sam era libre para salir de su oscuro lugar de reposo,  él sabía que no era un niño o un adolescente, no era joven ni viejo, simplemente existía, mientras  caminaba con lentitud por el bosque, observó la pálida luz de la luna por unos segundos entre las torcidas y lánguidas ramas de los árboles.
 Recordó que en un tiempo había observado a la gente, no comprendía a las personas cuando las veía reír o llorar, no entendía por qué la gente tenía tantos sentimientos, él nunca había sentido nada, él nunca había tenido un corazón humano. Aquella noche de Halloween descubrió que había algo que podía sentir  aunque no era ni risa ni llanto, mucho menos amor,  podía sentir el miedo de las personas, eso le despertaba un sentimiento que nunca había tenido, y era rencor por no tener un corazón, pensó en las cosas que asustaban, por ejemplo las historias de horror, si él juntaba muchas historias de terror entonces podría sentir algo en su negro y seco corazón, lo descubrió cuando vislumbró la luz de una fogata en medio de bosque y se acercó, escuchó a unos niños contar unas historias de terror. Sam buscaría muchas historias de terror, lo único que quería en el mundo era escuchar a las personas con sus voces temblorosas narrando historias de horror. 
 Esa noche de brujas entró sigilosamente en una casa, ingresó a una habitación donde un hombre dormía, lo despertó con sus fuertes pasos, el hombre le dijo que se llevara lo que quisiera pero que no le hiciera daño, lo que Sam no comprendió - Sólo quiero escuchar una historia de terror – Le dijo con su tosca voz, hacía muchos años que no pronunciaba palabras. El hombre asustado no lo entendió que era lo quería, entonces Sam le dijo con mayor firmeza – Tu vida por una historia de terror – Ahora con una fuerte y clara voz.
El hombre aterrado le contó tartamudeando una historia muy corta que había escuchado en una película. Sam conforme con la historia se esfumó de aquella casa dejando al hombre muerto de miedo con la sensación de haber estado al borde de la más dolorosa muerte, aquel espectro lo dejó completamente perturbado, pero gracias a su historia había salvado su vida.
 Sam quería sentir el miedo en las personas, y continuo visitando casas aquella noche de Halloween, de todas se llevó una historia más, salvo de la última casa que visitó, en donde despertó a un adolescente que dormía – Tu vida por una historia de terror - Le dijo Sam.
El chico no entendió, Sam volvió a decir.
– Tu vida por una historia de terror.
El chico aterrado no sabía que decirle ni que contarle, no conocía ninguna. Aquella noche los vecinos alertaron a la policía, se habían escuchado gritos desgarradores de una persona. La policía se encontró con el joven muerto en su cama, le habían arrancado el corazón y en las paredes dejaron escrito con su sangre.
 “Tu vida por una historia de terror.” 
Desde entonces se corrió el rumor y la leyenda de Sam, el que come corazones en Halloween, fue pasada de generación en generación. Se dice que cada noche de Brujas, Sam puede visitarte mientras duermes y pedirte una historia de terror, es mejor que le cuentes una o tendrás una muerte terrible, Sam te arrancará  tu corazón.
Cuando Melisa terminó su lectura, todos sus compañeros la observaban con el terror dibujado en sus rostros. 
-         Es una historia que sacaste de alguna tonta película - Le dijo Franco.
Ella no respondió nada sólo lo miró a los ojos desafiándolo. Franco sonrió.
- Es un maravillo cuento de terror Melisa, lograste mantenernos a todos escuchándote detenidamente, muy bien logrado - Dijo la profesora. El timbre de salida resonó en toda la escuela secundaria.
- Cuídate de Sam esta noche, al contar su historia, él despertó - Le dijo Melisa a Franco al pasar por lado. Franco se rio de ella.
 Aquella noche cuando Franco se preparaba para irse a dormir al apagar las luces escuchó un sonido de pasos en toda su habitación, asustado encendió la luz de su velador, frente a su cama, vio a un hombre muy alto vestido con un viejo abrigo largo de color negro todo carcomido por el paso del tiempo,  llevaba puesto un sombrero, el hombre comenzó a acercarse lentamente, cada vez más cerca, Franco apretó sus ojos, estaba tan cerca que sintió su aliento, era como el olor de una tumba vieja, un olor pestilente, rancio, parecido a la humedad de un sótano o al moho en una cueva, entonces abrió los ojos, y vio a Sam, su rostro era cadavérico, sus ojos amarillos  brillaron al exclamar  – Tu vida por una historia de terror.
En niño aterrado no sabía que decir, no recordaba  ni siquiera los cuentos de sus compañeros, Franco no sabía ni una sola historia de terror.





viernes, 11 de octubre de 2019

Cuentos de terror de Halloween. "Tres campanadas y tres veces su nombre" L.C.D




Historias de Halloween. Lucila Castro. 
L.C.D

Sinopsis: Una antología de 13 cuentos y relatos de terror, que conmemora las clásicas historias de horror, basados en la noche de Halloween de 1994, situados en el extraño pueblo de Albees.
Brujas, hombres lobos, zombies, asesinos dementes, fantasmas y demonios, forman este compilado de historias de terror..
"Historias de Halloween" No se trata de cuentos para niños, ilumina nuestros miedos primarios y nos lleva a los sueños más oscuros, con personajes con un dejo de melancolía y demencia, en una ficción que rescata el terror de los 80's y 90's.


Tres campanadas y tres veces su nombre



  Caía la noche una vez más, envolviéndola en la melancolía y la soledad, encendió los leños en el hogar, un relámpago iluminó la sombría sala, miró por instinto hacia la ventana, se colocó el cabello detrás de las orejas, se levantó y acomodó con delicadeza su larga falda negra y su camisa, sobre la chimenea tenía cinco portarretratos vacíos, los observó sin prestar atención, no quería fotos, eso la deprimiría todavía más, dio cuerda a una vieja caja de música, la melodía la llenaba de sensaciones, al ritmo de El lago de los cisnes “ de Tchaikovsky, danzó por la sala, sonriendo. Sólo le quedaba sentarse con su recipiente lleno de pollo frito y sus latas de gaseosa fría a mirar un especial de viejas y repetidas películas de horror en la televisión, agarró un lápiz marcó la fecha en su calendario, 31 de octubre de 1994, dejó escapar un largo suspiro entre sus finos y pálidos labios.

 Vivía sola en una casa vieja y húmeda, nada diferente al resto de las del barrio, quizás la suya se distinguía porque estaba algo abandonada y llevaba varios años con el mismo color en la fachada, todavía podía verse los restos de un rosa pálido descascarado que una enredadera intentaba cubrir, tenía tres habitaciones, un baño, una cocina y una pequeña sala con ventanales de hierro que cumplía función de living comedor. El sótano estaba lleno de cajas repletas de cosas inservibles que, sin saber por qué aún las conservaba, había juntado con los años; libros de cocina, revistas, muchos ovillos de lana, muebles rotos, marcos de cuadros, jaulas de todos los tamaños, ropa vieja, demasiada chatarra, el jardín trasero estaba completamente abandonado, la vegetación era abundante. Laura era su nombre, tenía cuarenta y dos, pero por dentro se sentía de más de cien, era solitaria, aunque a veces le gustaba conversar con la gente del pueblo de Albees, una ciudad en constante crecimiento, rodeada de colinas y bosques, todos los que visitaban Albees quedaban impactados por sus hermosas calles empedradas y su estilo victoriano. 

Laura llevaba el cabello largo y lacio, años sin cortarlo, no se preocupaba en cuidarlo, era de color negro azabache, podía verse una mecha blanca canosa a un costado, su cuerpo era delgado pero bien fornido, siempre se vestía de luto, con vestidos algo pasados de moda, su nariz era aguileña, sus ojos eran grandes, de color marrón, y su rostro era pequeño y angulado, su palidez la hacía verse enferma y estaba algo demacrada, sufría acné porque comía demasiadas frituras, no trabajaba, no hacía casi nada, apenas con desgana realizaba alguna que otra tarea doméstica. A Laura le gustaba leer, especialmente gustaba del mundo de la literatura romántica, novelas donde el romance era predecible y cursi, las compraba en el almacén por pocas monedas, se mantenía con una suma de dinero que su madre le había dejado en el banco antes de morir, podría decirse que no era mucho, pero le alcanzaba para conservar una vida normal, humilde y sin lujos. 

No había nada por hacer aquella noche, no tenía planes de realizar ninguna actividad diferente, era un día más que había pasado casi desapercibido, pero sí había algo diferente en el ambiente de su descuidada sala, en su ventana un paisaje distinto que al menos la alegraba un poco en su nostalgia, eran unas velas sobre botellas vacías de vino tinto y en pequeños platos, Halloween despertaba en ella cierta esperanza, creía firmemente en que sus difuntos la visitarían, sería una noche en la que no se sentiría sola, al menos se confortaba ante esta idea de pasar un rato con sus muertos, aunque no pudiera verlos.

 Caminó en silencio hacía el sillón que había junto a la ventana y miró hacía la calle sin prestar demasiada atención, la tormenta comenzaría a caer en cualquier momento, unos niños corrían por la calle, unas seis calabazas iluminaban su descuidada y sucia galería repleta de hojas secas, tenía junto a la puerta un cofre que aparentaba ser de un pirata repleto de dulces, pero los niños pocas veces tocaban a su puerta, terminaba comiendo monedas de chocolate durante toda la semana. Los rumores que se corrían sobre Laura no eran nada fuera de lo común, hacía treinta años que vivía en el pueblo, había estado casada, pero ahora llevaba siete años sola, y las personas seguían viéndola con su estricto luto, su amado David había muerto de un derrame cerebral mientras dormía, desde entonces ella se había ensimismado, casi no salía de la casa, nunca recibía visitas, no tenía amigos ni familiares en aquel pueblo, muchos creían que se había vuelto loca al encontrar a su esposo muerto en su lecho nupcial.
 Laura sufría aún su perdida, extrañaba demasiado a su amado compañero, siete años de encierro era mucho, salía sólo dos veces al mes para hacer las compras en el almacén, se llenaba de suministros, la reserva de latas que guardaba en su cocina era abundante, las piñas enlatadas eran sus favoritas. Laura no dejó que nadie viera a David en su cajón, lo sacó de la casa directo al cementerio, el medico había corroborado que su muerte había sido por causa natural y no había sospechas de que ella cometiera ningún crimen, la policía había estado el día entero en su domicilio, pero no se levantaron cargos, el hondo dolor de la viuda era grande, nunca más pudo reponerse de su muerte.
Sin entender el porqué de sus extremas y repentinas emociones, se sintió ansiosa de repente, subió con sus pies desnudos las escaleras que la llevaban a los dos cuartos y al ático, desde la muerte de David que no usaba la habitación matrimonial, todo lo había dejado intacto, era hora de vencer sus miedos, de enfrentar la realidad, él ya no estaba, abrió la puerta, las bisagras provocaron ruidos, la alcoba estaba oscura, miró hacia el interior.
 – Una mujer solitaria tiene derecho a soñar con el amor… Sueño, anhelo, deseo tu frío aliento acariciando mi espalda, los susurros fantasmagóricos de tu voz desde las sombras... Pero sólo es eso, un sueño, un anhelo. No tengo porque permanecer aquí, aferrada al recuerdo, ahogándome día a día en el deseo de sentirte vivo – Dijo en voz alta a la nada, cruzó el umbral, avanzó tres pasos y se adentró en las penumbras –. Heme aquí muerta en vida, ansiando morir día a día… He murmurado tres veces tu nombre al viento esta noche, pero tú no regresas… He lanzado, al caer el crepúsculo, tres campanadas al viento y tres veces murmuré tu nombre, pero nada… Acostada sobre el helado piso, sigo preguntándome… ¿Dónde estarás? ¿Por qué no funcionan mis canticos y mis plegarias? – Dijo acariciando la alfombra gastada que aun conservaban las huellas de David, giró la cabeza, mirando desde las penumbras la habitación entera, los viejos cuadros, los portarretratos sin fotos, el ropero con las puertas abiertas, los dos floreros con un poco de agua sucia y flores muertas – Y aquí estoy, amor mío, a la espera de la muerte, esperando por algo que jamás vendrá... Y aun sabiendo que no regresas, miro ansiosa cada vez que la puerta cruje, esperando verte debajo del umbral sonriéndome, nunca sucede, sólo es el viento frío, aunque sea plena primavera y nada más… Debería de abandonarte y olvidarte de una buena vez, pero no lo haré, me quedaré en silencio, aunque la agonía oprima mi pecho, ¡Amor mío, mi querido marido, aquí estoy, esperándote! - Dijo con una trémula voz cada vez más alta, se levantó del piso y atravesó el umbral y, de espaldas, giró su cabeza sin volver a mirar hacia la sombría habitación. Los recuerdos la invadían una vez más – Sólo espero ese momento, cuando tus ojos, ¡oh esos ojos negros!, que tan prontamente perdieron su brillo, al mismo tiempo que tu último suspiro se escapaba de tus labios, vuelvan a mirar dentro de los míos. Esta noche te daré lo que pides, ya he lanzado demasiados rezos, porque sé que te alcanzan las palabras, que llegan a ti, donde quieras que te encuentres en esta noche de tormenta, porque sé que mi deseo de tenerte es más grande que mis creencias, sé que ciertos deseos son costosos, y estoy dispuesta a darte lo qué pides - Dijo Laura y salió de la habitación, el viento sacudió la ventana, pero esta vez ella no le dio importancia, sólo sonrió, y entonces escuchó al fin su voz, que musitó - “Mi querida Laura”. Todo se detuvo en ese preciso instante en el que sus ojos regresaron a las penumbras desde el umbral, pero aquel murmullo seguramente se originaba en su cabeza, no había escuchado nada realmente, sólo el deseo de oír su voz una vez más.
 En toda la casa se oyeron tres campanadas, repiquetearon como ecos en el porche, Laura miró el reloj de péndulo, era pasada la medianoche, hacia una hora que la tormenta había comenzado, “¿aún había niños pidiendo dulces a esas horas? Al fin uno de ellos se atreve a llamar a mi puerta”, pensó, dejó la bandeja de pollo frito sobre la mesa y recorrió la sala para abrir su puerta principal, allí se encontró con una muchacha de cabello rojo intenso, ella tenía un aspecto algo funesto, tenía un arete en la nariz y sus pantalones negros eran demasiado ajustados, al igual que su abrigo.
- Disculpe señora, mi automóvil se averió y necesitaría, si es tan amable, utilizar su teléfono – Dijo la chica, al observarla con atención se dio cuenta que era tan sólo una niña.
- Adelante – Dijo Laura. Se notaba que ella no era de la ciudad, nadie hubiera acudido durante una noche de Halloween bajo una tormenta a su casa precisamente si en el pueblo la creían loca. La chica estaba empapada por culpa de la lluvia, ingresó a su casa.
- Quítese ese abrigo mojado y acérquese al hogar, le puedo ofrecer una taza de té caliente, la línea telefónica está muerta debido a la tormenta – Dijo Laura sonriéndole.
- Muchas gracias señora, llevo más de ocho horas en la carretera, me detuve en esta ciudad para buscar un hotel donde pasar la noche y mi auto se descompuso a dos calles de aquí, la única que me abrió la puerta fue usted.
- Mi nombre es Laura, ¿el suyo?
- Soy Inés – Dijo la mujer quitándose el abrigo mojado, había algo en su comportamiento que la inquietaba un poco, Laura la miraba con algo de miedo.
- Eres una niña casi, que haces a esta hora sola y en un pueblo en donde no vives – Preguntó Laura colgando el abrigo de la chica en el perchero junto a la chimenea.
- Viajo a visitar a mi abuela, esta grave, a punto de morir, ni bien me enteré tomé la ruta, está en el hospital del próximo pueblo - Dijo la chica.
- Aquí tenemos sólo el hostal Moore – Dijo Laura.
-No lo encontré – Exclamó ella.
- ¿Qué edad tienes?- Preguntó Laura.
- Veintidós años. La verdad le agradezco mucho su hospitalidad – Exclamó ella sacudiendo su cabello para quitarse el agua.
- No hay por qué, allí en el cofre pirata tienen monedas de chocolate, después de todo hoy es Halloween, agarre las que quiera, mientras serviré su té – Dijo Laura con cortesía.
- ¿Por eso su disfraz? Yo debería estar en una fiesta de noche de brujas, hasta pinté mi cabello de rojo, pero mi abuela es más importante, precisamente me disfrazaría de bruja – Dijo la chica sentándose en el sillón con insolencia mirándola la vestimenta de Laura.
- No querida, no me he disfrazado, ya soy grande para eso, estoy de luto por la muerte de mi querido esposo – Dijo Laura entregándole la taza de té, Inés se sintió un poco avergonzada.
- Disculpe Sra. Laura - Dijo la chica y bebió un sorbo.
- No te hagas problema, quizás yo pensaba lo mismo de ti - Dijo Laura y sonrió.
- ¿Qué pensaba? - Preguntó Inés, se levantó y agarró monedas de chocolate.
- Que eras algo extraña, tus tatuajes son símbolos raros, ¿qué significan? – Preguntó Laura intrigada.
- Son símbolos celtas, símbolos de diferentes culturas y religiones… Me gusta la brujería – Dijo Inés, la miraba con algo de desprecio.
- Y… ¿A qué se dedica? –Preguntó Laura sólo por curiosidad.
- Nada en concreto, vivo la vida, mis padres me consideran una chica mala, estuve un tiempo en la correccional de menores, pero nada grave, robé una chaqueta de cuero en una tienda y la estúpida encargada me delató…¿A usted le gustan las historias de terror?
-¿Por qué la pregunta? – Preguntó con desconfianza, la chica tenía algo muy extraño, comenzó asustarse ante la forma en la que la observaba, la muchacha tenía una mirada penetrante, sus grandes ojos celestes parecían fríos y malvados, quizás por el grueso y exagerado deliñado negro.
 - Porque a mí me gustan mucho, y desde hoy que tengo una leyenda de terror que se cuenta en mi ciudad dando vueltas por mi cabeza pero es poco conocida – Dijo la Inés mientras desenvolvía la moneda de chocolate.
- Cuénteme la leyenda, después de todo es noche de brujas y dice que es de terror – Dijo Laura y echó un leño al crepitante fuego.
- Es típica, una clásica historia de brujas, nada especial… Dice que Carrigan era una bruja oscura, de hermoso cabello rojo como las llamas del infierno, que se había enamorado profundamente de un humano, y que a los tres días de haber contraído matrimonio su esposo murió, pero Carrigan realizó un pacto con satanás, le entregaría una virgen cada siete años, a cambio pidió que su esposo regresara a la vida, Satanás aceptó, pero sólo viviría siete años más, Carrigan asesinó a un niño y entregó en ofrenda su corazón, el diablo cumplió, su esposo regresó a la vida, pero sólo vivía con normalidad dos años, luego comenzaba a morir lentamente, ella lo veía desvanecerse, como paulatinamente se secaba, sólo quedaba piel y hueso al cumplirse los siete años, él ya no despertaba, era como un muerto viviente. Ella, para que no sufriera, lo alimentaba con sangre y le daba pócimas, pero su amado, al cumplirse exactamente los siete años, no volvía a despertar, y Carrigan debía esperar siete años para traerlo de regreso, lo conservaba en su lecho amortajado, al cumplirse los siete años de haber muerto, entonces Carrigan le entregaba al diablo el sacrificio de una virgen, para que así su esposo regresara por siete años más a su lado, debe entregar cada catorce años una virgen a satanás para que su esposo regrese a ella por siete años más, luego debe esperar siete años para que satanás lo vuelva a despertar – Narró Inés.
- Interesante leyenda señorita Inés, yo la había escuchado, pero con una diferencia, decían que Carrigan debía alimentar a su esposo una vez al año con sangre humana, que ella debía buscar a una persona con la que alimentar a su esposo zombie para frenar la putrefacción, y que además Carrigan debió cambiar varias veces de pueblo, porque siempre alguien la delataba. Vea usted que debió ser un fastidio para ella lidiar con tantas muertes, mucho trabajo desmembrar un cuerpo para hacerlo desaparecer por partes en ácido sulfúrico – Dijo Laura y se levantó del sillón dejando la taza.
- Esa parte de la leyenda no la conocía, su té era delicioso, muchas gracias – Exclamó Inés. Laura desconfiaba de ella, debía de asustarla.
- Fíjese este detalle, usted no me preguntó mi apellido y lo ha nombrado ya más de tres veces – Dijo sonriendo macabramente.
- ¿Qué intenta decir?
- Que hay una parte de la leyenda que no sabe, señorita Inés, y es la que dice que Carrigan lanzó un hechizo en una noche de Halloween igual a esta por la cual los espíritus guiarían a  una virgen a su casa sin que se diera cuenta, esta haría repiquetear tres veces su campana en la puerta y conocería su leyenda, de esta forma la nombraría tres veces, así la bruja sabría que sus antepasados le habían enviado a la persona para sacrificar – Dijo Laura.
- Tres campanadas al viento y tres veces su nombre y los espíritus giran a una virgen a la puerta de Carrigan, ¿y usted como sabe eso? Jamás escuché nada sobre ese hechizo – Preguntó Inés. Laura sonrió más aún, en sus ojos se reflejó un extraño destello –. ¿Quiere decirme que la mismísima bruja Carrigan está frente a mí ahora? Me hace reír, de ser verdad que existió dicha bruja, debe tener ahora cien años o más, esa parte de la leyenda de tres veces su campana y tres veces su nombre es un invento suyo para intentar asustarme – Dijo Inés riendo.
- Eso es cierto, tengo ciento siete años en verdad - Dijo Laura.
Los ojos de Inés se llenaron de terror al ver que a la mujer comenzó a cambiarle la forma del rostro, como si se derritiera ante ella, comenzó a arrugarse, su cara se fruncía en arrugas, su piel se manchaba, su espalda se encorvaba, sus uñas crecían como garras a medida que los nudillos de sus manos se torcían, su cabello caía y el que quedaba agarrado de su cuero se tornó blanco, se reía profundamente mientras enseñaba a la muchacha su verdadero aspecto, la maldad y la vejez de su interior la transformaron en una anciana demoníaca y monstruosa de ojos amarillos, Inés comenzó a sentirse mareada.
-En verdad es usted la bruja Carrigan- Exclamó Inés.
- Tranquila niña, pronto pasara, el té tenía tanta belladona que no sentirás dolor alguno – Dijo Laura Carrigan agarrando sus tobillos para arrastrarla, Inés no tenía fuerzas, intentaba aferrarse a los muebles y paredes a medida que avanzaban, la anciana era muy fuerte,  subió las escaleras lentamente mientras se inclinaba y jalaba de la muchacha para subirla – Hay algo que le falta a tu historia, y es que el esposo de Carrigan, abre sus hermosos ojos negros al sentir una gota de sangre caer sobre sus amortajados labios en la séptima noche de Halloween que lleva descansando en el sueño eterno, y una vez que la vida de la virgen es entregada a satanás, ellos pueden amarse durante varios años, el detalle es que Laura Carrigan tiene vida eterna porque entregó su alma al infierno – Dijo Carrigan sentándola en la cama matrimonial, Inés intentaba mantener los ojos abiertos, su terror se acrecentó al ver el cuerpo del hombre en posición de descanso, seco como una momia, Laura tomó una daga que había sobre la mesa de luz y la cortó en la mano, dejando caer su sangre sobre los labios de su difunto y tieso esposo, un relámpago estalló, Laura Carrigan, ahora con un aspecto juvenil y rozagante, con un semblante lozano y un largo y voluminoso cabello tan rojo como las llamas del infierno, exclamó con emoción - Regresa, amado mío, abre tus ojos ahora – Inés se desmayó, los ojos de David se abrieron. Carrigan clavó la daga en el corazón de la muchacha mientras se reía macabramente. 


martes, 3 de septiembre de 2019

Larvas espirituales, íncubus y súcubus


Larvas espirituales, Incubus y sucubus, 
Son diversas las formas de energías que se forman a través de nuestros pensamientos o de las personas que nos rodean. También pueden ser
Enviadas a través de cargas emocionales negativas o por influencias externas
Físicas o espirituales.

Las “larvas espirituales” 
No pueden considerarse demonios. Son entidades más fáciles de convocar y también de manejar. Esto era algo que bien sabían los Nigromantes. Según antiguos grimorios, las larvas eran sustancias muertas. Entidades maléficas que una vez, no hace mucho tiempo, fueron humanos.
Las creencias medievales aseguraban que el espíritu, una vez muerto el cuerpo, intentaba salir lentamente de su recipiente humano. De esta forma se iba evaporando poco a poco hasta llegar al cielo. No obstante, si la persona en sí había sido mala, muy mala, si había vivido bajo el crimen, las pasiones terrenales más desenfrenadas y sobre todo el odio, este espíritu se negaba rotundamente a abandonar el cadáver. Un espíritu que intentará por todos los medios aferrarse a la vida, a las cosas terrenales y a los antiguos objetos de sus pasiones.
Estos son espíritus que de alguna forma intentan crearse órganos para vivir. Buscan por la tierra, vagando desesperadamente, ansiando vida por encima de todo. Se arriman por lo tanto a las personas que se dejan llevar por los impulsos pasionales, como un último esfuerzo por acercarse a todo aquello que una vez tuvieron en vida.
Las personas que se dejan llevar por el odio, aquellas en los que los deseos de venganza y muerte son grandes, tienen mayor capacidad para rodearse de estas larvas. Las larvas se alimentarán de estos sentimientos oscuros, pudiendo incluso condensarse en apariciones que podrían ser peligrosas para el humano.
Pero si existe un peligro con estas larvas es sin duda alguna la posesión de los cuerpos. Y es que ellas se aferrarán a estos hombres y mujeres como un auténtico parásito, convirtiendo en alimento este tipo de sentimientos oscuros.
Esto puede ser bastante peligroso, y es que si un montón de larvas se apoderan de un cuerpo humano podría llegar incluso a darse verdaderos casos de posesión. Casos complejos en los que deshacerse de las larvas no sería tan fácil. Cabe destacar que las personas con sentimientos más sombríos son más propensas a envolverse de este tipo de espectros, tales como los maníacos o los psicópatas.
Quienes defienden la teoría de que estas larvas realmente existen afirman que son francamente peligrosas en el terreno de los viajes astrales. Cuando el cuerpo queda indefenso en la tierra y la persona comienza su andanza por el mundo astral.
Veamos los diversos tipos de larvas astrales que pueden atacarte a nivel físico, mental y espiritual. Pero, primero es conveniente aclarar qué son las larvas astrales y cómo pueden atacarnos.

Las llamadas larvas astrales son residuos de energías en disolución, que quedan de las personas que han muerto; o también pueden ser energías que se generan en ambientes oscuros, viciosos o donde hay pensamientos, sentimientos y actitudes negativas. Estas energías, por efecto mecánico, buscan un nuevo “alojamiento” en otro cuerpo u otra alma con el fin de satisfacer sus instintos, de continuar con las sensaciones a las que estaba acostumbrada.
Como decíamos, las larvas astrales buscan satisfacer las mismas sensaciones que tenían con un huésped anterior o que tenían en los ambientes donde se han generado. Por ejemplo, si la energía es de una persona alcohólica, o con fobias o con instintos sexuales grotescos o de baja calidad, buscará alojarse en personas que tengan tendencia a este tipo de conductas o aficiones.
También es posible que alguien esté pasando por un periodo difícil, con su campo energético más debilitado, con dudas, con depresión u otros síntomas que lo hagan más vulnerable, y es en esos periodos en que estamos más propensos a captar alguna larva astral.
Éstos parásitos actúan en el plano más bajo del cuerpo astral. Las personas que están continuamente deseando el mal a otras personas, atraerán con mayor facilidad a las larvas astrales. Se alimentan de nuestros pensamientos y deseos negativos y destructivos.

TIPOS DE LARVAS ASTRALES

Dragones – Energías que nacen en formas de pensamientos, de lugares como prostíbulos, burdeles, entre otros, donde las personas tienen conductas e instintos básicos y grotescos.
Íncubos y Súcubos – Si bien los íncubos y súcubos son considerados demonios sexuales, están rodeados por larvas espirituales…estos llamados demonios sexuales, nacen de las fantasías sexuales más bajas, sueños eróticos pervertidos y masturbaciones compulsivas y continuas. Los íncubos son demonios que atacan a las mujeres y los súcubos atacan la atmósfera áurica de los hombres.
Fantasmas – Energías putrefactas desprendidas de cadáveres. Se fijan en las personas emocionalmente receptivas que tienen las mismas tendencias o pensamientos oscuros que el anterior huésped.
Leos y Áspis – Nacen de conductas y pensamientos referidos al orgullo, el poder, la ira y la dominación. A veces ejercidas en ámbitos de políticos, militares u otros órganos de poder donde se busca el beneficio de unos pocos en perjuicio de otros muchos.
Cordones – Nacen de la energía de la envidia o de la lujuria, se proyectan de una persona a otra. Comúnmente, provocan malestares en los sistemas digestivo y respiratorio, provocando náuseas, ansias, vómito, resfriados prolongados, estas larvas son vistas por los videntes «pegándose» en la espalda de la víctima.
Mantricoras y Basiliscos – Son generados en actos sexuales pervertidos.
Hay muchos otros tipos de larvas astrales, como los gusanos de la Luna, los Caballis y los Vampiros que se alimentan de sangre y desperdicios (lugares donde hay mataderos, depósitos de basura hospitalaria, comida podrida, casas sucias etc.)
Son diversas las formas de energías que se forman a través de nuestros pensamientos o de otras personas. También pueden ser enviadas a través de cargas emocionales negativas, o por influencias externas físicas o espirituales (por espíritus, entidades y etc.). Una de estas energías más perjudiciales son las larvas astrales sexuales.
Estos  parásitos o larvas astrales, causan confusiones en las relaciones. Pueden dejar a las personas obsesionadas con temas sexuales y les roban las energías. Hay relatos de posesiones y dominaciones, como en la famosa película de los años ’80 “El Ente”.

 TIPOS DE LARVAS ASTRALES SEXUALES
Hay varios tipos de larvas astrales, desde los demonios sexuales hasta los pensamientos recurrentes y obsesivos, veamos algunos de los más conocidos:

SUCUBO
Es un demonio astral femenino,  toma la forma de una mujer para seducir a los hombres, dominarlos, quitarles las energías y hacerlos cometer actos indebidos. Es un demonio con cuerpo femenino que ataca a los hombres durante la noche para robarles su semen. Adopta una forma atractiva y sexy. Algunas teorías hablan de demonios masculinos que toman la forma de mujeres muertas para consumir al hombre, otras de beldades que viajan en burro que poseen vaginas dentadas para castrar al hombre, otras, de mujeres aladas que se comen al hombre vivo durante el acto sexual, otras, de mujeres con cornamentas, colmillos, cascos de caballo y alas, como complementos a su extraña belleza.

INCUBO
Es un demonio masculino o que toma la apariencia de un hombre para poseer a una mujer (se dice que el mago Merlín es hijo de un Incubo y una mujer humana). Estos demonios sexuales causan deterioro de la energía y de la fuerza de sus víctimas, El incubo se mete en la mente femenina y siembra la lujuria, provocando sueños húmedos, pensamientos desviados y exagerados, para pervertirla antes de atacar, tras varias noches de preparación, el incubo se materializa y copula con la mujer en unos coitos tan salvajes que la víctima se derrite entre los muchos orgasmos, a veces entre momentos de lucidez que derivan en horror. A la mañana siguiente la mujer no recuerda nada, solo que ha tenido un sueño perverso, brutal y extraño. Además, se siente débil y abatida ya que el incubo a empezado a robarle su energía.  Los íncubos atacan a todas las mujeres, sin importarles edad, físico, estado civil, da igual si está enferma o sana, lo único que le importa al incubo es que la víctima tenga una mínima energía para robársela y alimentarse de ella, mientras que su víctima se debilita progresivamente, llegando incluso a la muerte.
MANTÍCORAS Y BASILISCOS
Son larvas astrales sexuales que actúan como energías y se originan de pensamientos perversos, antinaturales y despiadados, pueden causar mucho mal a las personas que los padecen, les roban toda la energía y los convierten en seres destructivos y autodestructivos.

VAMPIROS SEXUALES
Existen también los llamados vampiros sexuales que son energías que nacen de relaciones tóxicas y quedan adheridas a nuestro cuerpo etéreo succionándonos las energías y causándonos confusión. Estas larvas sexuales habitualmente, provienen de alguna persona con la cual se han tenido relaciones sexuales y esa persona roba la energía cada vez que entra en coito con su víctima, pueden ser actos voluntarios o involuntarios, las infidelidades donde uno de los amantes se obsesiona o se enamora.
SÍNTOMAS DE QUE ESTÁS SIENDO VÍCTIMA DE UNA LARVA ASTRAL SEXUAL
Sueños recurrentes de ataques sexuales.
Sientes un peso en el tórax o en la región del sexo.
Los genitales o la zona del pirineo se quedan muy caliente.
Sientes que pierdes mucha energía, despiertas sin energía.
Pensamientos obsesivos, recurrentes y poco saludables en relación al sexo.
Estrés excesivo, cansancio, antojos que no son sanos.
Intentos o tentaciones de suicidio, Automutilación
Estos son algunos de los síntomas y puede haber más, casi siempre se expresa más de uno en las víctimas.





jueves, 29 de agosto de 2019

2 Cuentos Cortos de Terror. Cuentos Sombríos. Vol.2 L.C.D



2 Cuentos Cortos de Terror
de: Cuentos Sombríos. Vol. 2





Línea 182

Era una noche de invierno, había llovido durante todo el día, el viento sacudía los carteles en la parada de autobuses, miré el reloj, marcaban las 11:30, tiritaba de frío, siempre realizaba el mismo recorrido cuando salía tarde del trabajo, pero había algo diferente aquella noche, las calles estaban desoladas, había neblina, el semáforo parecía dañado, las luces estaban intermitentes, no circulaban ni siquiera los autos.
Al fin llegó el colectivo, siempre usaba la línea 182, me dejaba a dos cuadras de casa, subí en la avenida principal de la ciudad, el chofer me resultó algo extraño, era demasiado serio, me miró de reojo, me senté en el último asiento, había dos pasajeros,  el trayecto era tranquilo, el chofer de tanto en tanto me miraba por el espejo retrovisor, sus ojos eran negros parecían un abismo, era demasiado pálido y de apariencia lánguida, cuando el último pasajero bajo, quedamos los dos solos, él pisó el acelerador y tomó un camino diferente, una ruta demasiado oscura, sentí un poco de miedo ante la idea de que fuera a hacerme daño, le pedí que se detuviera, que quería bajarme, toqué muchas veces el timbre, pero él apagó las luces del interior, el colectivo quedó oscuro, como si estuviera fuera de servicio y el chofer cada vez conducía a mayor velocidad, mi corazón se aterró un presentimiento nefasto inundó mi mente, me levanté, pensé en tirarme de una de las ventanilla pero todas estaban muy bien cerradas por el frío, volví a gritarle que se detuviera pero no obtuve ni una sola palabra de su parte, me sostuve con fuerzas de los pasamanos y como pude pese a la velocidad caminar, llegué hasta el conductor, le supliqué que me dejara bajar que se detuviera, pero él continuaba en silencio, entonces pisó el freno, caí y me golpee la cabeza con el parabrisas, nos miramos a los ojos durante unos segundos, su rostro se notaba pávido. - Lo siento - Susurró.
Abrió la puerta. Yo no entendía que estaba sucediendo.
-      No quise lastimarte, debes bajarte y no subir nunca más a mi colectivo. – Me dijo con una voz trémula, sus manos apretaban temblorosas el volante.
 Bajé el primer escalón y me di cuenta que estábamos en las puertas del cementerio.
-      ¿Por qué me trajiste hasta aquí?... ¿estás loco?... ¿Qué vas hacerme?- Le pregunté asustada.
-      Aquí es donde perteneces, estás muerta hace mucho tiempo, tu muerte fue un accidente.- Susurró sin mirarme.
No le creí, pero al reflejarme en el espejo el terror se apoderó de mí, mis ojos eran grises, sin vida, y mi piel estaba comenzando a pudrirse, el olor nauseabundo a putrefacción inundó el colectivo.



La Sra.Heidi 
El espejo



Los últimos dos años, pase la noche y el día cuidando a la señora Heidi en su lecho de muerte, era una anciana amable de ochenta y cuatro años, y ahora hacía dos días que había fallecido y debía acostumbrarme a una nueva rutina, buscar otro empleo, en la casa de la señora Heidi,  todo era antiguo, ella parecía vivir de los recuerdos de sus años de juventud, había un hermoso espejo de pie oval antiguo, siempre me gustaron las antigüedades, y me sorprendió que la hija de la anciana me lo regalara como señal de agradecimiento por cuidar a su querida madre, lo coloqué en medio de mi sala. Aquella noche los relámpagos se agitaban en el cielo, me desperté sobresaltada cerca delas 3 am, me dirigí a la cocina para beber agua, hacía calor, toque varias veces el interruptor pero la luz en la cocina no encendía,  abrí la nevera y bebía agua directamente de la botella, no había electricidad debido a la tormenta, cuando cerré la puerta de la heladera me pareció ver por el rabillo del ojos a alguien atravesar el umbral corriendo, un olor  rancio inundó toda la casa, la humedad y el calor parecían aumentar, entonces alguien susurró mi nombre –“ Ángela…” se escuchaba, perseguía el rumor por la casa, –“ Ángela…” no había nadie en las habitaciones, nadie se había metido en la casa, el calor y el olor extraño seguían aumentando, –“ Ángela…” escuché otra vez pero con mayor fuerza, venía del living,  se escuchaban pasos y sonidos agudos, cosas cayendo,  busqué una vela y me dirigía a la sala donde estaba el espejo, caminé lentamente hacia él, me reflejé, los sonidos extraños secaron por un momento, había silencio, entonces decidí regresar a la habitación, cuando le di la espalda al espejo, se escuchó un sonido realmente aterrador, era como si alguien golpeara desde el espejo, tenía miedo de mirar, sentía una presencia hostil en toda la sala, el calor seguía en aumento y el olor rancio ahora era pestilente, me di vuelta y el terror se apoderó de mí, había cientos de manos golpeando desde el interior del espejo, pude ver un rostro deforme de grandes y profundos ojos rojos, apreté los ojos para no verlos más, ahora un silencio agónico me envolvía,  una voz susurró
“- Ángela mírame.” Abrí los ojos y vi a la anciana, apacible y pálida era el  rostro de la señora Heidi, sus grandes ojos verdes se clavaron fijos en los míos, otra vez apreté los parpados, y me contuve, el olor creció, ahora se mezclaba con un olor azufre muy intenso y el calor era abrumador, continúe con los parpados cerrados tenía miedo,
“- Gracias Ángela, muchas gracias…- “Susurró la voz de la señora Heidi.
Abrí los ojos y vi los verdes y penetrantes ojos de la anciana que me observaban, sonreía, tenía puesto el mismo camisón a rayas que usaba yo,  un vidrio nos separaba, me había dejado atrapada en el espejo para adueñarse de mi cuerpo, miré a mi alrededor, y quedé en estado de shock, estaba perdida ya no había nada que pudiera hacer, el espejo era un portal al mas allá por donde la señora Heidi salió para ingresar en mi cuerpo y dejar mi alma a mi atrapada en el infierno.