jueves, 23 de marzo de 2017

La leyenda Urbana más aterradora "La Hipersomnia"


Escrito por: L.C.D

No podía ser de otro modo esta es la leyenda urbana más aterradora de todos los tiempos, es también real y de hecho sucedió varias veces, cuando la leas, inevitablemente imaginaras como será estar en el lugar de quienes sufrieron este atroz destino, solo lee, es una de las peores muertes que existen, tanto que incluso Edgar Allan Poe, escribió un cuento relacionado con ello. 


La “Hipersomnia Primaria”, es una enfermedad trastorno del sueño, en la que una persona cae en un estado de somnolencia tan profunda, que es imposible despertarla, los signos vitales, como por ejemplo, los latidos del corazón, disminuyen, hoy es fácil detectarlo, pero en el siglo IX ni siquiera sabían que existía este mal y como los instrumentos médicos, en especial, en los poblados eran precarios, un estetoscopio primitivo, no podía detectar los débiles signos vitales de alguien, que sufriera de Hipersomnia, por lo que se declaraba a la persona…MUERTA. 

Para empeorar las cosas, en esos tiempos, no preparaban demasiado el cadáver, y las ceremonias estaban demás, no se practicaban autopsias, se metía el cuerpo del difunto dentro de un ataúd, y así como estaba se enterraba. 
La hipersomnia es entrar en un sueño excesivamente prolongado y profundo, pero en algún momento la persona que lo sufre se despierta, varias personas se despertaron en sus criptas, para descubrir que habían sido enterrados vivos, una pesadilla mucho peor que la que habrían podido tener en cualquier sueño, ser enterrado vivo no es una leyenda urbana fue un mal desconocido, particular mal diagnosticado por la ciencia moderna, ha ocurrido en la vida real y por ser tan aterrador se queda con el primer lugar de las leyendas más aterradoras.
Otro de los motivos por cuales se enterraba viva a una persona era por los casos de catalepsia fue representado en el cine en la película Awake (Bajo Anestesia), la escena es bastante dolorosa y da cuenta de lo horrible que es ser incapaz de moverse. Quien alguna vez haya sufrido la parálisis del sueño es imposible que no se vincule con la escena.



miércoles, 15 de marzo de 2017

Capitulo 7 de Gótica "Ángeles de la Muerte"


Capitulo 7



Gótica

Mis alas están rotas, se que si me abrazas con fuerza volveremos
a volar y entonces podré salir de las tierras del silencio y la oscuridad...




El valle de la Muerte

De repente el viento abrió el ventanal de la habitación, las velas en los candelabros se apagaron, Gótica dejó  caer la pluma sobre la mesa, un cuervo se poso sobre el barandal del balcón, ella caminó lentamente pensándolo,  salió al balcón, su larga falda era mecida por el viento y al caminar rozaba el suelo,  la brisa era embriagadora, el inframundo la envolvía en suaves caricias como almas abrazándola, los cuervos comenzaron a posarse sobre las columnas y los hierros, ella dejó a uno posarse en su hombro, miró instintivamente la luna, su gato comenzó a frotarse en sus pies,  gótica se arrodilló junto a él y le dijo.
- Mientras escribo pienso en él y no aparece, no acude a mis llamados como es su hábito; no me interrumpe, ni me atosiga como de costumbre… Ya no logro distinguir los instantes de oscuridad,  vivo todo mi tiempo a su sombra, mi soledad está llena de su presencia, entonces él es para mí como la penumbra, ahí estará por siempre, como un fantasma más de la  noche, son sus ojos los culpables, me convierten en la reina de las tierras del silencio, donde amanece la nostalgia, donde se beben las lágrimas, donde las frías aguas del tiempo inundan la memoria, hasta arrastrarte al fondo de tus sueños, lo peor es que creo amarlo, aunque no sé si esto que siento es amor, como una niña suicida que se sienta a esperar a la muerte, hasta que se queda dormida en la más profunda oscuridad del día, así me hace sentir, eso me molesta… Miraba la luna mientras acariciaba a su gato, cuando sintió los pasos y luego aquella voz de ultratumba que le era familiar, el cuervo en su hombro se hecho a volar, la muerte estaba  a su lado, dejó caer la guadaña y se acomodó junto a ella.
- Buena luna estimada gótica. - Exclamó la muerte.
- Me he cansado de tanto esperarte. - Dijo ella.
- Dichoso de mí que me estabas esperando, mi hermosa dama, todos mis caminos están rodeados de sombras, de gritos de dolor, de muerte, pero solo tú, eres la luz que me ilumina en mi triste mundo de eterna oscuridad. - Dijo la muerte, ella lo observaba, por unos segundos reino el silencio.
- Disculpa la demora, he perdido a uno de mis ángeles de la muerte, y en el mundo de los vivos un escritor se suicidó para no pagar con su pacto, suele pasar, pero lo que me ha molestado es perder a Elizabeth, ella fue la primera escritora que trabajo aquí para mí, era una excelente criatura, no sé porque me dejó sumergido en la tristeza.- Dijo la muerte
- ¿Elizabeth que le sucedió? ¿Cómo la haz perdido?- - Preguntó gótica.
- Dejó de escribir, se sumergió en una profunda nostalgia, se dejó llevar por las voces de las almas perdidas, fue desvaneciéndose lentamente, y se esfumó por el valle de la muerte, decidió caminar por  el sendero del recuerdo…Estaba en el bosque caminando y el viento se torno raro, los susurros pronunciaban un nombre, las almas me estaban advirtiendo lo que Elizabeth estaba por hacer, entonces vi una joven mujer desnuda de cabello largo y rojizo  correr entre los arbustos, su risa era contagiosa, me provocó correrla, intentaba seguirla pero se escabullía entre los árboles,  primero creí que era una ninfa, pero no, entonces logré alcanzarla la tomé del brazo, ella me miró directo a los ojos, era el alma Elizabeth, me abrazó con tanta fuerza que casi ingresa en mi cuerpo, después su alma cayó entre mis brazos desvanecida, el viento soplo con fuerza tanto que debí cerrar mis ojos, al abrirlos ella se había desvanecido, el universo no desperdicia ninguna esencia ni ninguna energía, y cuando un alma que pertenecía a algunos de los reinos se pierde como Elizabeth, el universo se la lleva para que forme parte de los elementos.  -Respondió la muerte.
- ¿Sufrirá?- Preguntó gótica.
- ¡No sé! – Respondió la muerte
- ¿Quieres que sienta pena por ti o por ella? Eso jamás, enseguida te repondrás, es cuestión de instantes, aunque aquí no hay tiempo, ya pasará ¿Cuál fue la causa de para dejar de escribir y condenarse? Preguntó ella.
- Algo que recordó, fue humana y eso la llevo a los recuerdos y se dejó llevar por la depresión por los susurros de las almas en pena y el canto de las Hadas y lamias inundaban su alma de melancolía y horror. -  Dijo la Muerte
- Yo, ya no sé quien fui, no me importa, cada pacto, cada escrito, vuelve más duro mi corazón y mi sangre ya no fluye, sólo es tinta… La melancolía es normal en nosotros cada tanto, ya se te pasará, yo siempre siento nostalgia a pesar de que tomó venganza con mi pluma. - Dijo Gótica.
- A veces siento  miedo de perderte,  temo que recuerdes algo, ¡a perderte mi dama!-  Dijo la muerte con una voz trémula.
- Quieres estremecerme con eso.-  Dijo Gótica riendo.
- Aunque a veces me siento atraída por ti, y suelo extrañarte. – Prosiguió, luego ella.
- No sé porque te necesito tanto, mi amada, llévame entre el dulce y embriagador manto de la noche, ahora desearía ser humano para entregarme a ti, mi bello ángel de la muerte, mi gótica, mi ama, mi esclava, mi amada. Juro que sería en estas tierras desoladas, en estas dulces tinieblas el hombre más feliz y enamorado, quisiera entregarte este frío corazón mío, dejarlo a tus pies, necesito de ti, contemplar tus sueños, pero lamentablemente no duermo, no tengo hambre sólo sed de almas, por desgracia no podemos amar.- dijo la muerte, Gótica lo observaba con desconfianza mientras él hablaba,
- He atravesado todos los círculos del infierno, he caminado en los infinitos  bosques del inframundo, sólo para verte a los ojos y me tratas así tan fríamente. - Dijo la muerte.
- ¡Cállate! No te creeré que sientes algo especial por mí. -Dijo ella desafiándolo.
-  Si me amas bésame en mis fríos labios. - Dijo la muerte.
- ¡No! ¡Jamás! - Respondió ella.
- ¡Esa es mi criatura de la noche!.. La que amo. -Exclamó la muerte, ella lo miraba fijamente y con gran desconfianza.
- No juegues con esta vieja muerte súbita protectora del inframundo.- Dijo la Muerte.
- Debemos
cumplir un rol, no podemos estar enamorados, no fuimos hechos para eso, ya no soporto más, esta extraña fascinación me esta molestando, es una atracción fría, un necesitarte a mi  lado cada instante, aunque el tiempo no corra y la noche sea eterna y las criaturas que aquí habitan sean de corazón duro o vuelto cenizas, me sucede que no puedo dejar de pensarte, te detesto. -Dijo Gótica, la muerte, tomó su delgada y pálida mano, la besó, ella  sintió como su sangre corría aún más fría que nunca se sintió extraña.
- Amada mía tranquila, no sé que sucede con nosotros, debe ser la poca esencia humana que te queda, eso  me esta enloqueciendo, me hace creer en que puedo amar, pero no puedo, pero me confundes, mi respeto hacía ti es muy grande, me embriagan tus sombras, sentir tus labios sobre los míos, un dulce y nefasto instante de consuelo para mí, quiero perderme entre las líneas de tu boca, formar un laberinto de caricias, empaparme con el dulce rocío de tu cuerpo, saciar al fin esta sed incontrolable de tu esencia. -  Dijo la muerte observando los labios de Gótica.
- Quizás tú tampoco quieres dejar esa pizca de humanidad que aún se percibe en ti. - Dijo ella.  
La muerte corrió el cabello del rostro de gótica; con su mano derecha tomó el costado izquierdo de su blanco y frío rostro, un deseo incontrolable de besar sus labios con pasión se apoderó de él, entonces con su dedo pulgar acarició suavemente sus labios, mientras que sus ojos se perdían en los sentidos, cuando intentó besarla arrimándose aún más cerca de su boca se contuvo, ella navegó profundamente en la necesidad de besarlo, y eso la fastidio.
- Basta de sentimentalismos baratos ¡te detesto! – Le dijo gótica poniéndose de pie, a pesar de la atracción que sentía por él, le dio la espalda y apoyó sus brazos en la baranda del balcón, comenzó a mirar  la luna llena que los iluminaba siendo testigo de sus confesiones.
- En realidad no me odias, creo que no sólo estamos perdidos en el tiempo, en esta noche, quedamos perdidos en este sueño de poder amarnos, aunque nuestros corazones negros estén ya marchitos, jamás he visto que suceda esto con una muerte y una criatura nocturna. -Dijo la muerte, la abrazó con fuerza, ambos suspiraron para liberarse, luego ella le sonrió de una forma sombría y distante, con aquella mirada fría, como la vida descolorida de sus grandes ojos sin vida, su sangre ya no corría caliente, sólo corría tinta por sus venas,
- Entiende, solo somos seres oscuros que mienten, engañan y seducen, embriagamos a los humanos con esperanzas y momentos felices para luego despojarlos de todo y así pueden por voluntad propia venir en busca de nosotros, le damos ese dulce esa droga humana llamada momentos o instantes felices, los pobres, pobrecitos son sólo un juego, una partida más entre el bien y el mal que los domina por dentro. – Dijo Gótica
- Hay noches que siento el  horror de esos estúpidos humanos, cuando se avecina la muerte a ellos, eso es lo más cercano al placer para mí, su terror, su miedo a la muerte, el temor que sienten al pensar o al hablar de nosotros,  entonces tomo sus almas y cuando todo termina, siento algo muy parecido a la tristeza.- Dijo la Muerte.
- Es lo mismo que suelo sentir, como si estuviéramos conectados, bueno tu me creaste, yo lo llamo justicia poética, la muerte es una dosis de placer, es poesía para mí.- Dijo Gótica.
- Eso deberíamos hacer, eso puedo permitírtelo, crucemos el umbral y vallamos hacer el amor mi dama.- Dijo la muerte
- No podemos hacer el amor, ¿Qué propones?- Preguntó Gótica
- Saciar nuestras guadañas, juntos eso es hacer el amor, ese instante entre la vida y la muerte siempre la victima logra vernos y saber quienes somos, ese inexplicable momento es una eyaculación mental.- Dijo la muerte
- ¡Sí! Eso me daría placer, hagamos algo, tu escribes también, una historia que nos dará placer, propongo dos mujeres perdidas aquí en el inframundo…- Dijo Gótica con su rostros excitado, sus enormes ojos bien abiertos y brillantes,
- Que sean hermanas gemelas,  una no puede vivir sin la otra.- Dijo la muerte, Gótica tomó su pluma, sonreía macabramente, se sentaron juntos en cómodas sillas en el balcón, la noche los envolvía, mientras que reían, se oían sus voces narrando una historia que  llenaría de nostalgia el plano mortal,
- ¡Listo! Ya la tengo, escucha con atención y has tu trabajo mi querido lord de la muerte… Unas Hermanas gemelas  se encuentran en una especie de limbo, mientras se determinan si están vivas o muertas, cada una analiza su propio suicidio, la una no podría jamás vivir sin la otra, se amaban, se odiaban, se necesitaban, el suicidio de la niñez, la falta de atención, la discriminación, el abuso, los miedos entre más sentimientos atenuados llevaron a estas  hermanas de 25  años hacer un pacto suicida, intentan recordar el momento en murieron, quizás se cortaron las venas, quizás bebieron veneno, o quizás usaron el más antiguo método de suicidio y se echaron la soga al cuello, haciendo de la experiencia del suicidio la forma más utilizada comúnmente el ahorcamiento,  enfatizan, acerca de las pequeñas grandes cosas, que dan calor, sabor y sentido a la vida, pero esos sentimientos en ellas sólo tienen un bello color de luto, el negro, ¿lograron morir? No lo saben, dicen que cuando tienes una experiencia muy cercana a la muerte, tienes el don de caminar por ambos mundo, y estas jóvenes pueden transitar por los oscuros senderos de la mente de todos los humanos, fueron condenadas a no morir jamás entonces la manera que encontraron para saciar su sed de suicidio es el asesinato a través de sus voces, ellas se convirtieron en aquellas voz que te incita al suicidio, ese martirio y padecimiento que es la voz del fracaso y de la tristeza que se repite en la mente de todo suicida,  si las ves en la noche cubre tus oídos no las escuches o te guiaran a una muerte segura… Fin.- Susurró Gótica, unas lindas y tenebrosas risas se escucharon a lo lejos,  risas casi adolescentes, entonces ambos miraron hacía abajo, hacía el bosque, vieron a unas mujeres correr entre los arbustos, las hermanas suicidas que incentivarían al mundo humano habían sido creadas, Gótica suspiró hondamente,
- Eres la más bella poesía que mis ojos hallan podido leer mi dama, sin ti no podría haberlas creado. –Dijo la muerte y le dio un pequeño beso en su mano haciéndole reverencia.
- Es sólo una historia más de una escritora muerta como yo, sin ti no serían reales mi lord, más allá de todo, tu no necesitas a los ángeles de la muerte, existimos para liberar tu trabajo, los humanos te temen, los humanos nacen con un solo miedo y es a la muerte, tu eres poesía, tu eres  la verdadera inspiración en ambos planos, se piensa en la muerte todos el tiempo en el mundo humano.- Le dijo Gótica
- Soy una vieja muerte perdida en el tiempo, y lo que más necesito es  mi dama.- Dijo la muerte.
- Cuando comenzamos a escribir esta historia te sentí real, fue real, sentí cada fibra de mi cuerpo, sentí perderme en ti, pero ¿Ya no hay salida para nosotros?..¡No podemos amar! Esto fue lo más se acercó al placer desde que tengo memoria aunque no se si es memoria o un tenue espejismo. – Gótica entre susurros
-Al igual que me sucede a mí y todos los ángeles de la muerte, nuestra memoria es de esta existencia inmortal… ¡No digas eso! Quizás podemos amar, Quizás seamos la excepción, quizás aún podemos sentir, la escritura nos une, une nuestras almas, y también nos une esta maldición, pero a la vez me separa de ti, te odio y desearía asesinarte en mi prosa, a veces creo que podría amarte, otras veces siento que no tengo nada de amor en mí -  dijo él.
- No hay amor para las criaturas de la noche y para las muertes, no hay amor que viva en donde todo es muerte, yo sólo soy la muerte del inframundo, pero en cambio, mi atracción hacia ti no puedo controlarla… Hay algo que no me deja apartarme como lo he hecho con otras criaturas, los condeno y jamás nunca vuelvo a verlos,  eres diferente, porque compartimos algo internamente.- Dijo la muerte, ella tomó con fuerza la mano de la muerte y le dijo.
- ¡Ya basta! O voy a querer dejar esta existencia nefasta que adoro.- Dijo Gótica.
La muerte tomó su guadaña y desapareció entre los arbustos, Gótica notó que Sarah estaba cortando flores y hierbas, su gato comenzó a maullar, caminó hasta ella,
-         ¿Cómo te encentras?- Le preguntó Gótica, a Sarah se le cayó la canasta al suelo, Gótica se inclinó junto a ella y la ayudó a recoger todo,
-         Estoy bien, aunque con mucho por hacer.- Le respondió Sarah
-         No te ves nada bien, ¿quieres un poco de agua?- Le preguntó Gótica
-         ¡No! Gracias, es que he llorado mucho es solo eso.- Dijo Sarah
-         ¿Por Elizabeth? Sé que ambas hablaban lo suficiente como para que te sientas triste por lo que sucedió con ella, la vi caminar juntas en varias ocasiones, intenté ayudarla pero ella quería aferrarse a su vida pasada.- Dijo Gótica
-         Era mi única amiga, las hechiceras tenemos una vida solitaria, vivimos escondidas en los bosques, y Elizabeth era un alma bondadosa y pura, fue la primera vez en mi vida que alguien me llamo “Amiga”…Bueno debo irme solo a buscar unas bayas- Dijo Sarah
Gótica tomó su guadaña al ver a una anciana acercarse apoyándose en su bastón que era una rama seca,
Sarah se interpuso entre la anciana y Gótica.
-         Es inofensiva, no es una humano que acaba de morir y cruzó el portal, es mi amiga.- Dijo Sara.
La anciana tenía el cabello extremadamente largo y canoso, casi blanco aunque podía notarse aún algunas mechas finas de cabello rojizo,  estaba encorvada y apoyada con ambas manos sobre su cayado, la parca que llevaba puesta era negra y estaba deshilachada en las mangas dejando ver así sus manos arrugadas y secas, Gótica no en su dedo anular una anillo que se hizo familiar, lo miró con detención y luego observo su propia mano derecha, ambas  tenían el mismo anillo, eran dos serpientes entrelazadas con ojos de diamante rojo, asustada dio unos pasos hacía atrás y alzó la guadaña confundida,
-         ¿Quién es? ¡Sarah! ¿Acoso ella soy yo misma?- Preguntó atormentada
-         ¡No! No…Ella es…
-         ¿Por qué ambas tenemos el mismo anillo?- Preguntó. La anciana alzó su cabeza, Sarah dejó caer su mirada al suelo, se veía acongojada, la anciana temblorosa corrió su cabello de su rostro, Gótica se quedó perpleja
-         ¿Elizabeth?- Preguntó
-         ¡Sí! Es Elizabeth, ¡Salve su vida! Pero no pude salvar su alma.- Dijo Sarah
-         ¿Por qué esta en ese estado? Acaso cruzo el portal, la muerte me dijo que ella murió, que se dejó vencer y que su alma…- Dijo Gótica
-         Su alma fue reciclada, su alma es parte de cada elemento…Dijo Sarah
-         El universo no desecha nada.- Eso me dijo pero él no sabe que ella esta viva.
-         Ella es un mortal, o al menos debería ser un mortal, cruzó el portal por una pócima que yo misma le di, en su desesperación suplicó salir, le quité su don de Ángel de la muerte, y cuando estaba envejeciendo para convertirse en polvo, le día otra pócima que detuvo el proceso…- Dijo Sarah
-         ¡No comprendo! Y ¿Qué sucederá con ella?- Preguntó Gótica
-         Nadie puede saber que ella esta viva, tiene un hechizo de protección, ella es parte de mi familia ahora, las hechiceras la aceptaron y me dejaron cuidarla… No sabe quien fue,  su mente se perdió para siempre, estará eternamente entre ambos mundos, entre la delgada línea que divide los reinos, nadie podrá notar su presencia, ella ahora es  una peregrina, las peregrinas son ancianas eternas  que vagan por ambos mundos, buscan a humanos e inmortales que necesiten de nuestros conjuros o de nuestra ayuda, dan vida y dan muerte, son ancianas sabias y justas, es por eso que siento tristeza, aún necesita fuerza para recorrer los senderos  entre la vida y la muerte, todas las hechiceras tenemos una peregrina que visita los pueblos para vender conjuros y pócimas, ellas son justas y saben decidir quien merece el bien y quien el mal, es su don, son nuestras intermediarias, nada puede herirlas ni matarlas.-Dijo Sarah
-         ¿Y por qué tenemos el mismo anillo?- Preguntó Gótica
-         No puedo decirte nada más, ya hable mucho, iría contra las reglas.- Respondió Sarah.
-         ¿La muerte podrá verla?- Preguntó Gótica
-         La muerte es una creación de las hermanas del destino, no pueden ver a las peregrinas, ella no tienen alma, y las peregrinas no están vivas ni muertas, están en el medio… La muerte solo puede ver a una peregrina si ella lo permite, tú pudiste verla porque ella así lo quiso.- Dijo Sarah.
La anciana le sonrió, sus ojos negros la observaron, Gótica también le sonrió, Sarah y la anciana desaparecieron entre los arbustos.




El Próximo Miércoles no dejes de leer el Capitulo 8 de Gótica “Ángeles de la Muerte” Una novela gótica romántica, escrita en relatos y cuentos de góticos. Solo un Capítulos nos separan del final.
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L.C.D



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miércoles, 8 de marzo de 2017

Capitulo 6 de Gótica "Ángeles de la Muerte"


Capitulo 6

Nadie nota cuando estas muriendo por dentro, cuando tu luz se va desvaneciendo…
Llueve una vez más la ausencia, llevándome lentamente a las tierras del silencio y de la oscuridad.



“Déjame morir”

Respiró hondamente y observó el camino,  todavía le faltaban atravesar la parte más densa del bosque, los sonidos nocturnos  la envolvían, las plantas se enredaban en sus pies y las ramas de los árboles le habían rasguñado el rostro y los brazos,  debía de armarse de valor  ya que una vez que estuviera del otro lado, los recuerdos de quien había sido volverían a su mente, Elizabeth había bebido toda la botella y comenzaba a sentir la pócima recorrer su cuerpo,  primero vendría la duda, después el miedo y por último la ansiedad y los sentimientos humanos.  Se dejó vencer por la fatiga y cayó de rodillas, le ardía el estómago y los calambres en las pantorrillas no le permitían ponerse de pie,  sabía que al ingresar al plano humano dejaría de ser inmortal, pero prefería desaparecer que vivir sumergida en la melancolía, intentaba darse ánimos a si misma soñando que del otro lado una vida humana la esperaba,  entonces  a unos pocos metros unos rayos de luz la enceguecieron, se arrastró por la hierba y al fin ya estaba del otro lado, miró el rojizo cielo de una tarde de otoño y sonrió, fue entonces que una fuerza sobrehumana la levantó del suelo y luego la dejó caer, había dejado de ser un ángel de la muerte para volver a ser humana, los sentimientos la abrumaron, Elizabeth se desmayó.

 Al abrir los ojos estaba recostada sobre un catre,  miró a su alrededor, parecía estar en una cabaña,  una mujer echaba leños en la chimenea, le dolía la cabeza, un hombre se acercó a ella y acarició con fuerza su cabeza, Elizabeth gritó.
-¡Máximo! Vas a espantar del susto a nuestra invitada.- Dijo la mujer
- ¿Dónde estoy?- Preguntó Elizabeth
- Soy Sarah, mucho gusto…Te encontré desmayada en el bosque, ¿recuerdas algo de lo que te paso?- Preguntó la mujer dándole un trozo de carne cruda al hombre que la acompañaba.
- Algo me levantó del suelo y me volvió a lanzar, fue como si una parte de mí se hubiera desprendido de mi cuerpo.- Dijo Elizabeth  intentando sentarse.
- Si es lo que creo…Mejor quédate 5 minutos recostada, te daré un poco de caldo así  juntas fuerza para ir al pueblo.- Dijo la mujer revolviendo la cacerola que estaba sobre el fuego de la chimenea.
- ¡Sí! Voy al pueblo, tengo que buscar a Dante.- Dijo y luego sonrió
- Ya sé lo que eras.- Dijo Sarah
- Creo que estoy recordando, yo era una mujer casada con un hombre llamado Dante… Dante era mi esposo y lo amo tanto, es por él que no pude soportar mi inmortalidad…- No dejaba de sonreír.
- ¡Tranquila!..Primero bebe este caldo y después puedes irte a buscar a Dante.- Dijo Sarah y la miró con pena, Elizabeth bebió el caldo.
- No sé porque me emocionó tanto…Te recuerdo eres la hechicera…Voy a desaparecer en unas dos horas.- Dijo tristemente Elizabeth.
- Si te sirve de consuelo, mírame a mí,  mi esposo a veces no sabe quien soy… No sentir amor te vuelve más fuerte, pero sentirlo, sentir el amor correr por tus venas te consume - Dijo Sarah

-         Mi querida amiga Sarah, fuiste la única que me ayudó en el inframundo, y eso hace que me sienta agradecida contigo, y pase lo pase conmigo, quiero que sepas que pudimos ser amigas y que para mí tú no eres lo que todos te creen, eres una buena mujer, me hubiera gustado ser tu amiga para siempre…La vida es oscuramente bella, como la primera gota de lluvia en una tarde de verano, como  las noches de tormenta, como ver el vuelo de los pájaros en un día gris de invierno, y esto que hiciste por mí no tiene precio.- Dijo se levantó del catre y abrazó a Sarah.
-         ¡Gracias! Lograste que dejará caer una lágrima, en un una bruja eso no es poca cosa.- Le sonrió
-         Amo a Dante y vale la pena verlo aunque sea un instante, no me importa ser polvo, quiero verlo a los ojos una vez más y decirle que yo no lo abandoné, mi memoria aún esta débil pero lo recuerdo… Buscó la casa del escultor, ¿Lo conoces?- Preguntó Elizabeth
-         ¡Si! Esta muy cerca de aquí, ese hombre construyó una casa alejada del pueblo…Pero él esta…- Elizabeth la interrumpió
-         ¡Gracias Sarah! Te debo mucho, mi estimada amiga- Dijo y se marchó.

La casa se veía abandonada, sentía escalofríos mientras la observaba desde afuera, los cuervos volaban y se posaban sobre el techo,  el cielo se nubló, Elizabeth ingresó a la casa. La sala era muy grande y sombría, caminó con pasos lentos por toda la sala, los recuerdos  venían a su mente, sobre la chimenea había un cuadro, el retrato mostraba a Elizabeth sentada con un bebe en sus brazos y junto a ella su esposo,
-¡Tuve un hijo!- Exclamó entre susurros.
 Miraba atónita todo lo que tenía frente a ella,  poso su mirada sobre una puerta doble que dividía la sala del comedor, a una le faltaba el vidrio, entonces recordó que su hijo había atravesado el cristal, esto le provocó que se cortara las venas. Dejó caer una lágrimas, había pactado con la muerte para salvar la vida de su hijo, escuchó que alguien tosía, el sonido venía de una de las habitaciones de arriba, subió las escaleras lentamente, se sobresalto al ver de repente a  un gato negro bajar, el pasillo era largo y oscuro, podía verse luz en uno de los cuartos, se asomó y vio a un hombre en su lecho de muerte, se acercó hasta él.
-         Al fin regresaste… Elizabeth… ¡Mi amor!- Murmuró.
-         ¡Sí!...Dante…Aquí estoy.- Dijo con los ojos cargados de lágrimas, se inclinó y besó sus pálidos labios. El hombre la miró a los ojos  y expiró.
Elizabeth comenzó a gritar desesperada, tomó un abre cartas de la mesa de luz,
-         ¡No! No lo hagas.- Le dijo la voz de Sarah detrás de ella.
-         Llegue tarde, él murió, mi Dante murió…- Repetía llorando.
-         Te queda poco tiempo.- Le dijo Sarah tristemente.
Elizabeth cayó al suelo exhausta por la emoción, le temblaban las piernas, Sarah la ayudó a levantarse apoyándola sobre su hombro,  la llevó abajo, en la sala la alzó en sus Brazos Máximo.
La recostaron sobre el catre en la cabaña, el cabello de Elizabeth comenzó a ponerse blanco, su piel se resecaba, exhalaba sus últimos suspiros, Sarah buscaba algo revolvía sus cosas y algunos frascos se cayeron al suelo,
-         Déjame morir querida Sarah.- Exclamó entre susurros Elizabeth, su voz estaba cambiando.
Sarah al fin encontró lo que buscaba, lanzó el polvo que contenía el frasco sobre la cacerola que hervía, entonces  lleno un recipiente con aquel caldo extraño, Elizabeth estaba envejeciendo con rapidez, la ayudó a beber.
-         Bebe, rápido quedan muy pocos segundo.- Le dijo Sarah, pero Elizabeth se negó a beber.
-         Vas a desaparecer, morirás, te harás polvo y eso no va  a pasarte frente a mí.- Dijo Sarah, Elizabeth bebió,
-         Déjame desaparecer.- Murmuró Elizabeth,
-         ¡No! No te dejaré morir, eres mi amiga…Estas bebiendo Elizabeth, tu no quieres desaparecer es el dolor que habla por ti.- Le dijo Sarah sosteniéndole la cabeza para ayudarla a beber, Elizabeth sonrió luego cerró los ojos.



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miércoles, 1 de marzo de 2017

Capitulo 5 de Gótica "Ángeles de la Muerte



Ángeles de la Muerte

Soñé anoche contigo, las gotas de rocío no parecían de una noche de ensueños, podía sentirlas caer sobre mi piel, era como tu presencia bajo la pálida luz de la luna y su magia iluminando cada rincón de mi ensombrecida habitación, y sentía tus labios sobre los míos , me besaban  silencio...Y mis lágrimas no morían sobre mis  labios secos, nacían en tus ojos al caer de los míos... Pero solo fue un sueño.



 Morir de amor

  Aquella noche sentí sus dulces y húmedos labios sobre los míos, desperté y la busqué por toda la casa, ella ya no estaba, mi amor me había abandonado, toda su vestimenta estaba ahí, sobre la mesa de luz yacía una moneda la tomé, recordé cuando nos conocimos junto a la fuente, nada se había llevado, todo estaba en su lugar, corrí desesperado por las calles gritando su nombre bajo la lluvia, su familia nada sabía de ella, entonces me interné en el bosque para buscarla, pero nada ella no había dejado rastro alguno, solo me abandono, como lo había hecho mi madre con mi padre, exactamente igual, recordé que mi padre la busco por meses y mi madre al igual que mi esposa no había dejado huella, desaparecieron, yo sentía que ella no había muerto, sentía en mi corazón que ella estaba viva, pero no comprendía porque no deseaba verme. Nada tenía sentido ya para mí, sólo pasaba el día junto a la ventana, esperándola, mi corazón me decía que ella volvería, que su figura atravesaría el bosque hasta llegar a mí pero muy dentro de mío supe que mi amada esposa me había abandonado, recordé haber visto a mi padre morir de amor cuando mi madre nos abandono, ahora yo correría la misma suerte, porque la amo, amo a mi esposa. Busqué y busqué inútilmente parecía haberse esfumado en la noche,  contrate detectives privados y cazadores de recompensas y nada nadie supo darme ni un sólo indicio de lo que pudo haberle sucedido a mi Helena, los días y semanas  corrían tan rápido y ella no regresaba.
 Nos comprometimos con una fiesta en casa de sus padres, frente a su madre, su hermana y su cuñado, le volví a pedir matrimonio,  después de una cena familiar, caminamos por el bosque en dirección a nuestra casa, pero antes al llegar a la plaza del pueblo, le pedí a Helena que me acompañara a la fuente, donde aquella estatua siempre era testigo silencioso de nuestros secretos y estando uno al lado del otro mientras que luz del sol y la pálida luz de la luna rompían el cielo,  de rodillas ante ella, puse un anillo de compromiso en su dedo. Este anillo era bastante particular, tenía la forma de dos serpientes entrelazadas, era el símbolo de la eternidad, el amor y el poder; había pertenecido a mi madre y antes a mi abuela, este era de oro blanco en una de las serpientes y oro dorado en la otra, los ojos de las mismas eran pequeños diamantes rojos. Ambos nos juramos  fidelidad, sin importar peligros o dificultades, en los pesares y en los cambios, en la riqueza o la miseria, nos juramos amor eterno y ni la muerte podría separarlos, ella me abrazo rodeando mi cuello y nos besamos largamente bajo un cielo ahora estrellado aquel día lo llevaré en mi para siempre.
Nos casamos una tarde de verano, el sol resplandecía, hice los arreglos para llevarla de luna de miel pero Helena no quiso salir del pueblo, su madre se enfermaba muy seguido y el último invierno la había pasado en cama, yo era  huérfano, y su madre me acogió como hijo, entonces tuvimos una pequeña ceremonia de casamiento con su familia y sus amigos, la gente del pueblo nos adoraba por las grandes fiestas que solíamos dar para que las solteras conocieran a sus futuros maridos, yo amaba tanto a mi dama de cabello dorado, pero dentro de mí sentía siempre, como si algo no estuviera del todo bien, en algunas ocasiones durantes todos estos años que llevamos de casados me pareció ver junto a la ventana de mi lecho, mientras mi amada dormía una sombra pasearse, algo funesto me perseguía, recuerdo haber tenido esa sensación de niño y corría a la cama de mis padres, hasta que una noche aquella visión o presentimiento se convirtió en realidad y mi madre desapareció, y ahora volvía a sentirlo, era una lúgubre visión frente al amor soñado y perfecto.
Entonces el tiempo trascurrió y la madre de Helena hizo que la declarasen muerta, quizás para aliviar el dolor por su ausencia, quizás para poder morir en paz, quizás para que yo no siguiera esperándola, recuerdo que me negué y discutí estando ebrio con su madre, luego con su hermana, y juré que iba a encontrarla, luego un oficial me dijo que encontraron su chalina en el bosque y dieron por cerrado el caso alegando que los animales habían terminado con sus restos, a mi me pareció sin sentido común eso,  ¿Cuántas veces ella cruzó el bosque sólo para verme? ¿Por qué alguien iba  asesinarla? ¿Cómo podrían los animales del bosque despedazarla hasta no dejar ni un solo miembro ni uno solo de sus huesos? Esto me desesperó, sólo para tener una nueva esperanza de que estuviera viva. Después unos pescadores encontraron los restos de una mujer semidesnuda, ¡yo lo vi! fui a la morgue y no era mi esposa, su hermana insistía en que era Helena por el cabello dorado, el rostro lo tenía destrozado por animales y por la descomposición,  pero no era ella, ese pobre cadáver no era el de mi esposa, no tenía el lunar en su seno derecho, ni tampoco las viejas cicatrices de sus muñecas,  en sus dedos hinchado y en descomposición no estaba la alianza de mi madre, ese cadáver era de una mujer de unos 28 años pensé, no era Helena, mi esposa era un poco mayor que eso,  pero su hermana dijo y juro que era ella, me explicó que lo hacía para darle un cierre a este asunto y para que su madre no sufriera más, entonces la declararon muerta, se hizo una pequeña ceremonia donde se enterró en el cementerio familiar un ataúd sin sus restos, sino que los restos de una desconocida para mí, el sacerdote dio una misa en su nombre por su eterno descansó, al poco tiempo su madre murió, la encontraron en su cama muerta, tenía en sus manos una fotografía de Helena.
Los recuerdos me estaban atormentando, comencé a sentir odio por ella, comencé a llorar sin razón lógica, comencé a sumergirme en la oscuridad, tomé el sillón y lo coloqué junto a la ventana, afuera llovía, pasaba el día mirando por la ventana, la melancolía empezó a deprimirme de tal manera que  no sentía ni el deseo de comer, tomaba alcohol  en exceso otra vez, ahogaba en vicios mi dolor, sólo,  ahí sentado me quedaba hora tras hora, cada minuto del día esperándola, cada segundo era una agonía, sólo, muy sólo en la casa, aquella casa donde vivíamos la felicidad de tenernos, caminaba a veces por la casa recordando cada lugar donde la hice mía, los bailes y fiestas que hacíamos para las personas del pueblo, podía  sentir su perfume que me acompañaba siempre, hasta sentía su voz en el silencio de la casa vacía y su presencia estaba latente en mis venas, como si su espíritu estuviera ahí, pero no podía verla, a veces por las noches escuchaba pasos, y a veces veía un gato negro que desafiándome me hacía perseguirlo por la casa. Mi melancolía tenía voz propia y era el sonido de mis lágrimas, y  mi soledad estaba intacta por su culpa, mi mirada posada en la ventana, mis ojos no dejaban de ver el bosque, las sombras me perseguían, el silencio era tal que podía oír los sonidos del bosque, mi mente jamás paraba, estaba tan inquieto en mi asiento, que a veces salía a caminar esperando que ella volviera, no pedía vencer a mi corazón que no soportaba su ausencia fui a la fuente, allí nos conocimos, allí nos confesamos todos nuestros secretos, allí nos veíamos reflejados uno junto al otro, recordé la tarde en que lanzamos la moneda y pedimos un deseo, como sus ojos penetraron hasta en fondo de mi alma cuando ella me sonrió, fui cada tarde a la fuente después que ella me abandono, la belleza de la fuente con su extraña estatua entre ángel y demonio y sus frondazas plantas flotantes, su agua cristalina ya no eran lo mismo sin sus bellos pies posados dentro, la imaginé ahí sentada, necesito sentir sus brazos  enredándome, que me mire a los ojos y me diga, “Aquí estoy amor mío, he vuelto, jamás podría olvidarte  solo debías buscarme y encontrarme dentro de tu mente de tu corazón”.
Ya nada me importaba, comencé a tomar alcohol desenfrenadamente, encerrado en el día a día de mi propia y eminente muerte, en mi cuarto junto a la ventana, no quería ni dormir solo para imaginarla, fui un día a buscar a una hechicera, me lo recomendó una mujer del pueblo, ella viví en una cabaña muy cerca de mi hogar, primero desconfió de mí, después me dijo que Helena estaba más cerca de lo que yo creía, me dio un infusión que debía tomar para soñarla, la hechicera me dijo que ella ya no estaba en este mundo, que había partido y que debía cumplir con su designio y que era imposible que ella vuelva a mi lado, bebí la infusión aquella tarde, soñé con Helena, en mi sueño la veía distinta, sombría, escribiendo encorvada y con la mirada ansiosa, la veía en mi casa subiendo las escaleras y desperté sintiendo el aroma de su perfume.
Ya estaba dispuesto a morir, a morir de amor, el humo de opio forma figuras en el aire, aquella mañana desperté al despuntar el alba, y al ver la claridad del día cerré mis ojos nuevamente, los débiles rayos del padre sol, brillaban sobre la alcoba, entonces abrí lentamente los ojos y en aquel resplandor me pareció ver su silueta, exclamé con mi voz dormida- “Mi amor, has vuelto por mí”. Me levante de la cama con mis pies desnudos y aquella imagen de ensueños aún seguía frente a mí, erguida brillante ante el astro rey, pero a medida que me acercaba se desvanecía lentamente y volvía a dejarme solo, supe entonces que me di cuenta que no podría, seguir, mi hora había llegado, sentí que mi cuerpo inútil era arrastrado por la marea embriagadora de su perfume, los demonios estaban al asecho para ya comenzar a devorar mis restos, percibí que mi corazón estaba enfermo de ira, entonces que podía hacer, sólo un pensamiento me invadía y era la muerte, otra vez estaba sumergido en el alcohol y en la drogas, volví a mi cama para dejarme vencer, las piernas me temblaban casi no podía caminar, no comía, a lo último ya deje de beber agua, sólo bebía alcohol, entonces dispuesto a cerrar a los ojos para morir, una voz familiar me hablo detrás mío,
-Te dije Abel, te advertí que no funcionarias en una vida humana, mira como te dejó ella yo te entregué en perfecto estado.-  Intente girar para ver quien era aquella voz femenina, cuando la vi sentada en la oscuridad junto a mí logre recordar.
-Pensaste que la vida humana sería fácil, y mírate, ella te abandono y te dejas morir, este estropajo enamorado que veo, no es aquella muerte impecable que me entregaba más almas que ninguna otra muerte. - Dijo
-¡Morgana! Oh hermosa muerte, muerte dueña de todos los reinos olvidados, mi querida parca, siempre debiste ser la única, ¡llévame! dame tu beso mortal, seré aquel que más te servía otra vez. - Le dije sin moverme.
-No es así de fácil, preferiste a ella antes que a mí, preferiste amar y ser humano antes de servirme, siempre quise que me ames así,  no podía maldecir tu destino, y te dejé intentarlo, mejor enviaré a alguien a  buscarte. - Dijo ella, me levante tembloroso y casi sin fuerzas. Ella seguía sentada, me incliné ante ella y le supliqué que me diera el don de ser su muerte preferida otra vez, tomé su mano y la besé llorando y pidiéndole que me quitara esta agonía humana.
-¡Me gustas así rendido ante mi! Pero ya no puedes tener los privilegios de antes solo querías tu vida humana.-  Dijo ella.
-¡Vida! Esta agonía no es vida. - Le respondí.
-Te estas dejando morir por amor, mírate eres un estropajo, pero te voy a condenar, no serás el ángel de la muerte que eras antes, te morirás de pena de amor y  te condeno al infierno, estarás en el destiempo, en el inframundo, deberás controlar a las criaturas de la noche, vigilar a las almas perdidas, solo serás el ángel de la muerte en las puertas del infierno y del inframundo y deberás mantener el orden, jamás hice esto por nadie, pero no sé por qué te daré otra oportunidad, mi estimado Abel ahora ¡Muere! Te quedan pocos minutos de vida. - Dijo ella.
-Gracias querida muerte, mi querida, la escogida por ambos reinos olvidados por los humanos, ¡así será! - Le dije. Ella inclinó su cabeza y me dio su beso mortal, me contagio de muerte una vez más, luego se esfumó, caminé hacía el bosque el alba cayó sobre mí, ahora soy el ángel de la muerte en el inframundo y deberé buscar la manera de entregarle almas a mi maestra, lo único que puedo recordar de aquella trágica noche en la que volví a  nacer en la oscuridad, es la mirada de Morgana cuando me encontró en la oscuridad de mi cuarto, estaba llena de odio, parecía un demonio, tengo algunos recuerdos borrosos de aquel último ocaso, es más bien un tenue espejismo, en fin, estoy condenado por mis errores cometidos, a estar en el inframundo, debo controlar a las criaturas de la noche, ellas no pueden atravesar el umbral del mundo de los vivos, pero lo peor de todo es que tengo que enviar almas al infierno, debí buscar la manera de hacer que los humanos cometan los peores errores, olvidaré quien soy, de esa forma olvidaré a mi amada Helena.



Gótica 
“Todos Somos Ángeles de la Muerte

La creciente luna se refleja en las oscuras aguas,  los cuervos volaban allá en lo alto, el viento mecía las ramas de los árboles,  los sonidos y los aromas nocturnos las envolvían,  Elizabeth observa los paisajes apoyando sus antebrazos en el balcón,
 -¡Listo!- Exclama Gótica dejando la pluma en el tintero,  mira a la mujer cuya expresión de melancolía la deja en estado de pavor,  se levanta de la silla y sale al balcón,
- Tienes que escribir Elizabeth, es tu destino.- Le dice Gótica,
- Es como si mi corazón extrañara a alguien o a algo que no recuerdo, que no sé, siento un vacío enorme.- Le dice Elizabeth.
- Porque debes llenar ese vacío escribiendo, es fácil, como acabo de hacer, tu estabas leyendo y sobre el final saliste al balcón y aunque no quieras voy a  enseñarte lo que paso gracias a mi escritura reciente, nosotros hacemos pagar a los malvados, es como darles una oportunidad más.- Dice Gótica y se lleva las manos a la cintura para acomodar el corsé de su vestido.
- Haces las cosas muy simples, yo lo veo como que los obligamos a ese único acto que los lleva al infierno.- Responde Elizabeth.
- Deberías ser un ángel en el cielo, solo quieres ver las cosas a color y mira frente a ti, aquí todo es negro y gris no hay una dualidad en este maravilloso lugar.- Le dice, Gótica, por un instante reina el silencio.
Gótica sonríe macabramente, al ver pasar corriendo por el bosque a un hombre de mediana edad, que desesperado cae entre las hierbas y flores,  se cae y se levanta mirando  atrás cada tanto, asustado como si algo lo estuviera persiguiendo,  pero solo él lo ve, Gótica baja las escaleras corriendo como niña que va en busca de su regalo de navidad, detrás suyo  la sigue Elizabeth. Su cabello suelto se mece con el viento cuando abre la puerta principal de par en par, gira y observa a Elizabeth quien se ha quedado de pie junto a la escalera.
-         ¡Fue rápido!- Exclama Gótica y toma la guadaña que estaba junto a la pared.
-         ¡No lo hagas!- Exclama Elizabeth atormentada.
El hombre ingresa a la casa desesperado,
-¡Necesito ayuda! algo me persigue.- Dice, las dos mujeres lo miran, el hombre observa la enorme sala, ella cierra la puerta.
-Nadie te persigue,  solo tu mismo.- Le dice Gótica. El rostro del hombre esta aterrado.
-Yo estaba en el bosque y algo golpeo mi cabeza, no puede ver quien fue, desperté y vi algo que no puedo describir...- Se toca la cabeza, mira su mano y esta ensangrentada.
- Lo sé, estabas en el bosque junto a la laguna, sepultando a alguien ¡No debiste asesinarla!- Dice Gótica
- ¿Y como sabes?.. La mate porque estaba engañándome.- Dijo él mientras da unos pasos hacia atrás,
-No te engañaba, buscaste una excusa para matarla, y ahora lo que te persigue es algo creado por ti mismo, son todos los  errores que cometiste, esos oscuros secretos inconfesables que han cobrado la forma de ese ser  monstruoso que te persigue.- Le dice sonriendo.
- No…No puede ser.- Aterrado
- Traicionaste, robaste, asesinaste a tu esposa por dinero y por lujuria, pero alguien hizo justicia y te golpeo la cabeza provocando tu muerte.- Dijo Gótica, el hombre no entiende.
- ¡Estoy muerto!..¿Quién me mato?- Pregunta y cae de rodillas al suelo
- ¡Tu amante!.. La hija de tu esposa, creíste demasiado en ella, te ganó la ambición y la soberbia,  no te diste cuenta que ella te utilizo para cobrar la herencia, o pensaste que te amaba, nadie que te ame va pedirte que asesines.- Dice Gótica, comienza a reírse  a carcajadas.
- ¡No!...No es verdad, me mientes…Ella me amaba- Dijo enojado, y se puso de pie, Gótica seguía riéndose, el hombre la mira.
-¡Estas muerto! si miras por aquella ventana verás a los cuervos y animales del bosque desmembrar tu cuerpo humano, moriste en el límite de ambos mundos, pero tranquilo que hallarán tus huesos.- le dice Gótica y le señala una ventana en el fondo de la sala, sigue riendo
El hombre se acerca lentamente a la ventana, sus ojos se llenan de lágrimas de terror al verse muerto, era cierto. Entonces extrae una daga de su cintura y corre para intentar enterrarla en alguna de las dos mujeres que tiene frente, Elizabeth se asusta, Gótica alza la guadaña y le corta el brazo derecho que cae aún con su mano apretando la daga, el hombre la mira con horror, ede un solo golpe ella lo corta del hombro izquierdo hasta la cintura derecha, la sangre salpica a las mujeres, el cuerpo desaparece.
-         ¿Donde esta? Yo vi que lo cortaste en dos pedazos.- Pregunta Elizabeth buscando a su alrededor.
-         Lo envié al infierno.- Responde Gótica
-         ¡Pobre alma!- Exclama Elizabeth
-         Pobre alma dices, el mato por dinero a su esposa, se acostaba con la hija de la mujer que le dio todo, que lo ayudo a no morir de hambre en las calles, que lo salvo de la muerte, planearon asesinarla por dinero, y para qué, aquí el dinero no existe, en ninguno de los tres reinos existe el dinero, fueron sus actos lo que lo enviaron al infierno, yo solamente escribí el pecado que le faltaba.- Dice Gótica molesta limpiando con un paño su guadaña.
-         No podré jamás ser como tú.- Dice Elizabeth atormentada.
-         No sientas culpa,  si sigues así solo vas a desaparecer, necesitas alimentarte, te acabo de enseñar como, ahora siento tanto placer que corre por mis venas, que solo ansío seguir escribiendo y seguir sintiendo esta delicia, todos somos  Ángeles de la muerte, nosotros los humanos, todos asesinan de una u otra manera ¡Es que no te das cuenta! Estas despareciendo.- Dice Gótica
-         Entonces ¡prefiero desparecer!-  Exclama Elizabeth
-         Dime algo ¿Recuerdas tu vida humana?.. Necesito saber porque no puedes cumplir con tu designio- Le pregunta Gótica
-         ¡No! Un día abrí los ojos y estaba aquí.- Responde Elizabeth
-         Aquí comienzan tus recuerdos, aquí volviste a nacer, los recuerdos humanos ya no están en tu mente, entonces porque te aferras a la humanidad, si ellos fueran perfectos como tu los crees, no existiríamos nosotros.- Dice Gótica
-         Prefiero terminar con todo esto.- Le dice Elizabeth
-         Si sales del inframundo te convertirás en polvo ¡Ya lo sabes!  envejecerás y en unos días tu cuerpo habrá desaparecido, y tu alma quedara perdida en este lugar.- Le dice Gótica. Elizabeth la mira sin decir nada más y sale cerrando las puertas.

Elizabeth se sienta a orillas de la laguna a observar el cielo, el tenebroso y salvaje aspecto del paisaje le produce tristeza, se escucha el canto de las lamias muy a lo lejos,
-Hola puedo sentarme a tu lado.- Le dicen
-¡Sí! Claro… ¿Cómo te llamas?- Le pregunta Elizabeth
- Soy Sarah.- Responde
- ¿Eres una hechicera?- Pregunta Elizabeth
- ¡Sí! Suelo juntar las flores y hierbas de este mundo y no pude evitar escuchar lo que conversabas con Gótica, la que vive en el límite de ambos mundo.- Le dice, Sarah, extiende su mano y ofrece un trago de una botella, Elizabeth bebe un poco y hace un gesto por lo fuerte de la bebida.
- Entonces, puedes ayudarme, quiero salir de aquí, ya se que me haré polvo con los días, pero quiero salir,  volver a mi hogar, tengo que haber tenido un hogar, quiero ver como era mi vida humana.- Le dice con los ojos cargados de lágrimas.
- Déjame cerrar mis ojos unos instantes y te diré como era tu vida humana…
Sarah cierra los ojos, Elizabeth la observa, un viento mueve su enmarañado cabello.
- Tu vida era hermosa… hasta que ella se cruzo en tu camino, una mujer  tan antigua como el mundo humano.- Le dice Sarah
- Podrías darme algún preparado que me deje salir de aquí y volverme polvo más rápidamente.- Le ruega Elizabeth
- ¡Sí! Claro, pero será un suicidio y tu alma vagara en el inframundo sin ningún recuerdo, ni de tu vida humana ni de esta… Serás como parte del viento, el agua, serás parte de los elementos ¿me entiendes?- Le dice Sarah.
- ¡Sí! Lo entiendo, pero es lo que deseo.- Exclama Elizabeth
Sarah extrae un pequeño frasco, se levanta camina unos pasos e introduce algunas hiervas, después lo sumerge en el agua de la laguna, y canta entre susurros un conjuro, el interior del frasco se vuelve un liquido negro.
- Ve al limite de los reinos y bebe esto, sentirás como si algo se desprendiera de ti, no te asustes, dejaras de ser un ángel de la muerte…Cruza luego el umbral, mientras lo atraviesas pide a los guardianas mentalmente que te dejen salir en tu tiempo, quizás puedas salir a tiempo para cambiar el destino, aunque en 2 horas caerás dormida y un cuerpo va a envejecer en un minutos hasta hacerte polvo. ..¿Estas segura?- Le pregunta Sarah, Elizabeth le quita el frasco, luego la abraza, se pone de pie.
-¡Estoy segura!- Exclama sonriente, luego se pierde entre los árboles., Sarah se queda ahí observándola desparecer en el camino mirándola con pena, luego se levanta, -Máximo es hora de volver.- Exclama juntando su cadena.



El Próximo Miércoles no dejes de leer el Capitulo 6 de Gótica “Ángeles de la Muerte” Una novela gótica romántica, escrita en relatos y cuentos de góticos.
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Les deseo unas eternas lunas





L.C.D


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