lunes, 11 de diciembre de 2017

"La Hora Muerta" de Cuentos Sombríos


La Hora Muerta
 De: Cuentos Sombríos
50 Cuentos de terror

Miró su reloj pulsera, eran las diez de la noche, encendió el televisor y se sentó a ver las noticias, después de una deliciosa cena comprada en el restaurante de la esquina, Tomás brindó alzando la copa en alto observándose al espejo, -“Feliz Navidad Tomás” se dijo, luego lleno el plato con leche de su mascota mientras que su único compañero maullaba a su alrededor frotando su lomo contra sus piernas para que le diera de comer, Tomás se inclinó y acarició la cabeza de su gato, caminó luego por la casa vacía hasta que decidió entonces sentarse en el sofá para ver la cuenta regresiva por el canal nacional, la noche buena y la navidad eran fechas que él detestaba, se había casado el 24 de diciembre de 2003 y su esposa lo había abandonado el 25 de diciembre tres años después de contraer matrimonio porque él le era infiel. Terminó una botella de sidra de fresa, pero no conforme con esto se preparó un vodka tonic, se quitó los zapatos en la cocina y regresó a la comodidad del sofá llevando su bebida preferida y un trozo de pan dulce, los vecinos ya habían comenzado a lanzar petardos y cañitas voladoras, se puso de pie y cerró las cortinas, en algunas casas las personas ponían música a todo volumen, esto lo fastidió, se recostó sobre el sofá, mientras miraba una película sus parpados lo vencían y le ganaba la partida el sueño.

A las tres de la madrugada un sonido lo despertó, en la oscuridad abrió los ojos, miró su reloj pulsera marcaban las 3:03 de la madrugada, se llevó las manos hacia los ojos para frotárselos, se sentó, bostezó con toda la boca abierta y volvió a escuchar aquel sonido, era como si alguien estuviera golpeando muy despacio la puerta, seguido una voz exclamó –“Necesito ayuda” aquella suplicante voz femenina logró arrancarle la borrachera. Lo primero que hizo fue cubrirse la boca con ambas manos, pensó en que quizás era una broma de mal gusto, y dudo en acudir, volvió a recostarse. La voz volvió a exclamar –“Ahí viene por favor ayúdenme” Tomás caminó con pasos lentos en dirección a la puerta, en la oscuridad se tropezó con su gato sin caer al suelo aunque en el tambaleo lanzó al suelo uno de los cuadros colgados en la pared,
- Se que está ahí…  ¡Por favor! Dijo la voz.
Tomás llegó a la puerta, observó por la mirilla y vio a un hombre vestido con tapado negro cruzar el jardín delantero, la mujer que pedía ayuda gritó con todas sus fuerzas – “Va a matarme”. Tomás tembloroso tomó las llaves e intentó colocarla en la cerradura, fue entonces que los gritos desgarradores de la mujer comenzaron a aumentar, estaba siendo atacada del otro lado de la puerta, Tomás corrió al teléfono para llamar a la policía, pero no estaba en la mesa lo había lanzado al suelo cuando se tropezó con su gato, lo buscó en las penumbras mientras que la mujer gritaba y suplicaba auxilio, cuando logró encontrar el teléfono notó que el cable estaba roto, los gritos cesaron.
Ahora reinaba un silencio nefasto y escalofriante, fue hasta la puerta, no se escuchaba nada, posó su ojo en la mirilla,  no había nadie, tomó las llaves y las colocó en la ranura, ¿Cómo era posible que ningún vecino hubiera llamado a la policía? pensó en que quizás el asesinó aún estaba ahí del otro lado y dudo unos segundos en abrir, pero posiblemente la mujer seguía con vida, suspiró hondamente y al fin abrió la puerta, una mujer de mediana edad cayó desplomada boca abajo junto a él, su cabello rubio estaba rojo, su cuerpo semidesnudo estaba salvajemente acuchillado, Tomás se inclinó, tomó su muñeca inerte para verificar si estaba viva, ella no tenía pulso, cuando alzó su mirada notó a un hombre con tapado negro correr hacia él por el jardín, intentó cerrar la puerta pero el cuerpo de la mujer no lo dejaba, entonces la empujó hacia afuera y cerró con fuerza, el asesino golpeaba con fuerza intentando derribar la puerta, - “Abre maldita sea” Gritó el asesino.
Tomás encendió la luz y corrió a la cocina donde tomó el cuchillo con el que había cortado un trozo de pan dulce para defenderse, el hombre dejó de golpear, la luz se cortó repentinamente en la casa dejándolo vulnerable ante la oscuridad.
Tomás caminó por la casa buscando su teléfono celular, lo había dejado seguramente en el sofá, tanteando los muebles logró sentarse, en el silencio absoluto y en la más completa oscuridad escuchó – “Necesito ayuda” Tomás se exasperó. Con la luz de su móvil iluminó la sala, no había nadie, una respiración junto a él lo sobresaltó, no quería iluminar hacia allí, sabía que alguien estaba sentado a su lado, lo sintió en los cojines, tomó valor para iluminar su costado, y al hacerlo había una mujer rubia completamente ensangrentada sentada a su lado que lo miraba entre su cabellos ensangrentado que cubría su rostro – “Ayuda” Exclamó, el teléfono se le cayó de las manos, se levantó del sofá e intentó correr pero tropezó, la mujer se acercaba cojeando y estirando sus brazos repitiendo sollozante -  “Tomás Ayuda”. Ella en cada paso que daba dejaba huellas de sangre, Tomás preso del pánico la observaba desde el suelo iluminándola con su teléfono móvil mientras intentaba llegar a la puerta, donde se desmayó.

Tomás abrió los ojos y se incorporó con rapidez en el sofá, entendió que lo ocurrido había sido una pesadilla, la casa estaba en silencio, entonces volvió a recostarse. A las tres de la madrugada un sonido lo despertó, en la oscuridad abrió los ojos, miró su reloj pulsera marcaban las 3:03 de la madrugada, se llevó las manos hacia los ojos para frotárselos, se sentó, bostezó con toda la boca abierta y volvió a escuchar aquel sonido, era como si alguien estuviera golpeando muy despacio la puerta, seguido una voz exclamó–“Necesito ayuda” aquella sollozante voz femenina logró arrancarle la borrachera y le resulto familiar, ¿Acaso estaba teniendo nuevamente la misma pesadilla?
Lo primero que hizo fue cubrirse la boca con ambas manos, pensó en que quizás el sueño continuaba, dudo en acudir al llamado de la mujer que pedía ayuda, volvió a recostarse, abría y cerraba los ojos para despertar, la voz volvió a exclamar –“Ahí viene por favor ayúdenme” Pero Tomás no quería moverse del sofá, se cubrió los oídos con las manos y se inclinó apoyando su cabeza en las rodillas, la mujer que pedía ayuda gritó con todas sus fuerzas – “Va a matarme”. Tomas tembloroso en su posición apretó los ojos, los gritos desgarradores de la mujer comenzaron a aumentar, estaba siendo atacada del otro lado de la puerta, Tomás entonces se levantó del sofá e intentó correr al teléfono para llamar a la policía y así poder ayudarla, pero se  tropezó con su gato lanzando al suelo un cuadro en el tambaleo por no caer, la mujer gritaba y suplicaba ayuda, cuando logró encontrar el teléfono notó que el cable estaba roto, los gritos cesaron.
Ahora reinaba un silencio nefasto y escalofriante, fue hasta la puerta, no se escuchaba nada, posó su ojo en la mirilla,  no había nadie, tomó las llaves y las colocó en la ranura, ¿Cómo era posible que ningún vecino hubiera llamado a la policía? Se preguntó, pensó en que quizás el asesinó aún estaba ahí del otro lado y dudo unos segundos en abrir, recordó su sueño, no abrió la puerta sólo fue en busca de su teléfono móvil, - “Abre maldita sea” Gritó el asesino, mientras golpeaba con fuerza intentando derribar la puerta.
Tomás corrió por toda la casa encendiendo las luces, en la cocina tomó el cuchillo con el que había cortado un trozo de pan dulce para defenderse, el hombre dejó de golpear, la luz se cortó repentinamente en la casa dejándolo vulnerable ante la oscuridad.
Tomás caminó usando su teléfono celular como linterna,  tanteando los muebles logró sentarse, en el silencio absoluto y en la más completa oscuridad escuchó – “Necesito ayuda” Tomás se exasperó. Con la luz de su móvil iluminó la sala, no había nadie, una respiración junto a él lo sobresaltó, no quería iluminar hacia allí, sabía que alguien estaba sentado a su lado, lo sintió en los cojines, tomó valor para iluminar su costado, había una mujer rubia completamente ensangrentada sentada a su lado que lo miraba entre sus cabellos ensangrentados que cubría su rostro – “Ayuda” Exclamó, Tomás no movió ni un solo musculo la miró a los ojos por unos segundos, ella exclamó “Tomás Ayuda” se inclinó  y vomito sangre  sobre las piernas de Tomás,  el teléfono se le cayó de las manos, se levantó del sofá e intentó correr pero se desmayó.

Tomás abrió los ojos y se incorporó con rapidez en el sofá, entendió que lo acontecido no podía ser una pesadilla, podía escucharse que los vecinos aún escuchaban música, entonces volvió a recostarse miró su reloj pulsera eran la una de la madrugada, tenía pánico, no deseaba dormirse, fue a su habitación y buscó el palo de beisbol, lo dejó junto al sofá y puso la televisión a todo volumen. Miró su reloj pulsera eran las 2:53 de la madrugada, sonrió y se hecho sobre el sofá, el sueño venció su voluntad pese a sus esfuerzos. 
A las tres de la madrugada un sonido lo despertó, en la oscuridad abrió los ojos, miró su reloj pulsera marcaban las 3:03 de la madrugada, se llevó las manos hacia los ojos para frotárselos, se sentó, bostezó con toda la boca abierta y volvió a escuchar aquel sonido, era como si alguien estuviera golpeando muy despacio la puerta, seguido una voz exclamó–“Necesito ayuda” aquella suplicante voz femenina logró arrancarle la borrachera y le resulto familiar, entendió que no era una pesadilla, lo que estaba sucediéndole era real, lo primero que hizo fue cubrirse la boca con ambas manos, esta vez no acudiría al llamado suplicante de la mujer que iba a ser apuñalada, la dejaría morir y no prestaría atención a lo que afuera sucedía,  el palo de beisbol no estaba donde lo había dejado, la voz volvió a exclamar –“Ahí viene por favor ayúdenme” Pero Tomás no quería moverse del sofá, se cubrió los oídos con las manos y se inclinó apoyando su cabeza en las rodillas, la mujer que pedía ayuda gritó con todas sus fuerzas – “Va a matarme”. Tomás en su posición apretó los ojos, los gritos desgarradores de la mujer comenzaron a aumentar, estaba siendo atacada del otro lado de la puerta, él sabía que alguien la estaba apuñalando, Tomás entonces se levantó del sofá caminó muy despacio en dirección a la puerta, el gato se cruzó en su camino, pero esta vez no tropezó con su mascota, el cuadro en la pared se cayó solo al igual que el teléfono, la mujer gritaba y suplicaba ayuda, Tomás fue en busca de su teléfono móvil con toda paciencia, los gritos cesaron.
Ahora reinaba un silencio nefasto y escalofriante, fue hasta la puerta, no se escuchaba nada, posó su ojo en la mirilla,  no había nadie, tomó las llaves y las colocó en la ranura, el asesinó aún estaba ahí del otro lado, él lo sabía, sabía todo lo que pasaría, Tomás comenzó a reír como orate  - “Abre maldita sea” Gritó el asesino, el asesino golpeaba con fuerza intentando derribar la puerta, Tomás continuaba riendo.
Tomás no encendió las luces, de todas formas la electricidad iba a cortarse en la casa, fue hasta el sofá y espero, en el silencio absoluto y en la más completa oscuridad esperó has que escuchó – “Necesito ayuda” sabía que ella estaba sentada a su lado, lo sintió en los cojines, la iluminó con su teléfono móvil utilizándolo como linterna, la mujer completamente ensangrentada sentada a su lado lo miraba por entre sus cabellos ensangrentados que cubría su rostro – “Tomás Ayuda” Dijo ella y se inclinó vomitando los pies de Tomás, -No puedo ayudarte ya estas muerta.- Susurró tristemente él, ella le señaló la puerta, Tomás se levantó del sofá y caminó hasta allí, su pie desnudo chocó con el cuadro en suelo, lo levantó para iluminarlo con su teléfono celular, pero antes la observó a ella, luego miró el cuadro, era una fotografía típica de bodas, Tomás de esmoquin y su esposa con aquel hermoso vestido blanco, detrás de ellos un árbol de navidad puesto junto al pesebre en la iglesia donde se casaron, en un costado de la fotografía una fecha “ 24 de diciembre de 2003”  Tomás dejó caer el cuadro y la observó, la mujer rubia ensangrentada había sido su adorada esposa, asustado giró la llave para salir de la casa, se sentía aturdido al abrir la puerta  frente a él estaba el asesinó sosteniendo en su mano el cuchillo ensangrentado, Tomás lo observó por unos segundo, fue como verse en un espejo un tiempo atrás, el 25 de diciembre  de 2006 cuando su esposa intentó abandonarlo, corrió y junto al sofá estaba el diario, lo tomó y leyó “el 25 de diciembre no es navidad para las familias de Tomás y Ana, se cumplen seis años del trágico homicidio y suicidio de la pareja, sus padres piden a los vecinos que asistan a la misa por el descanso de sus almas”… Tomás al terminar de leer se desmayó.

A las tres de la madrugada un sonido lo despertó, en la oscuridad abrió los ojos, miró su reloj pulsera marcaban las 3:03 de la madrugada, se llevo las manos hacia los ojos para frotárselos, se sentó, bostezo con toda la boca abierta y volvió a escuchar aquel sonido, era como si alguien estuviera golpeando muy despacio la puerta, seguido una voz exclamó–“Necesito ayuda” aquella suplicante voz femenina logró arrancarle la borrachera…



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