jueves, 3 de agosto de 2017

Cuentos Cortos de Terror "Manchas de Humedad" L.C.D


Manchas de humedad
de: Cuentos Sombríos
L.C.D


 Recuerdo que cuando era niña solía quedarme los fines de semana en la casa de mi abuela, me dormía mirando las manchas de humedad en la esquina de la pared, cada fin de semana estas parecían cambiar de forma y tamaño, a veces se asemejaban a las figuras del test de Rorschach,  la mayoría de las habitaciones tenían aquellas manchas deformes, ambiguas, despertaban mi imaginación, a veces mientras se me cerraban los parpados me parecía que se movían. La vieja casona había pertenecido a varias generaciones de mi familia, ahora vivíamos en ella mi esposo y yo, mi madre al fallecer me la heredó, ella jamás quiso venderla ni alquilarla, desde la muerte de mi abuela que permanecía cerrada, era hora de remodelarla y formar una familia, siempre anhelé tener tres hijos y ya quería verlos correr por la casa.
 Con mi esposo, queríamos restaurarla y convertirla en la casa que les heredaríamos a nuestros futuros hijos, la idea era alquilar algunos cuartos para así poder llevar a cabo más rápido los arreglos todos debían hacerse con urgencia, llevábamos dos meses casados cuando decidimos mudarnos para dejar de pagar el alquiler y comenzar con las reformas, había mucho trabajo que hacer, las filtraciones estaban arruinando las paredes y techos, nos quedamos en la habitación principal que era la más confortable, aunque tenía algunas manchas de humedad, pero al menos una sola cuba contenía las goteras cerca de la puerta, la habitación más grande de la casa, la que estaba en mejores condiciones, aquel cuarto era amplio con el piso de mármol, el techo alto y dos hermosos ventanales estilo gótico, aún estaba el ropero lleno con la ropa de mi querida abuela, incluso, todavía podía sentirse su perfume a pesar de los años, recuerdo que tomé una de sus camisas favoritas para abrazarla y así recordarla.
 La tercera noche me despertaron ruidos extraños, pero no había sido nada para preocuparse la cuarta noche que llevamos allí viviendo, me dormí observando las manchas de humedad, mis ojos se posaron en una precisamente la que teníamos junto a la cama, por la madrugada me  despertó un extraño sonido, como si alguna rata estuviera mordiendo madera o algo similar, cuando abrí mis ojos lo primero que hice fue observar la hora, eran las dos de la madrugada, entonces encendí el velador y pude ver como algo se movió por la pared con extrema rapidez, el movimiento fue como si una lagartija corriera a esconderse, fue muy cerca de la mancha de humedad, esto me asusto, pensé en que seguramente había una plaga de esos asqueroso bichos en la casa, ya que llevaba mucho tiempo deshabitada, sacudí a Mateo para que se despertara, pero él tenía un sueño profundo, le grité hasta que se despertó, se levantó de la cama y encendió la luz.
-         ¿Qué sucede Emilia? Son las dos de la madrugada, necesito dormir.- Me dijo
-         Creo que en la casa hay una plaga, lagartijas o cucarachas o alguno de esos bichos que se arrastran por las paredes, sentí unos ruidos y ardor en el dedo del pie, me desperté y pude ver algo ocultarse arrastrándose por la pared.- Le dije
 Mateo revisó toda la alcoba, hasta bajó los cuadros al suelo para ver si había algo escondido detrás, las cucarachas, arañas y lagartijas suelen esconderse al ver la luz, pero nada no había nada sólo manchas de humedad.
Nos dispusimos a seguir durmiendo, era una noche calurosa, entonces apoyé mi  rostro sobre su espalda y logré dormirme, con algo de temor pero me dormí al fin. A las tres de la mañana algo volvió a perturbarme el sueño, esta vez fue como si un perro o gato corriera por la cama, entonces me  incorporé con rapidez, la luz de la luna llena daba esa blanquecina y pálida luz en la oscuridad de la habitación,  pude ver como unas extrañas criaturas se arrastraron por la pared, encendí con rapidez el velador y logré ver, era un animal extraño, su piel era parecida a las víboras pero el color fue lo que más paradójico me resultó, era como si estuvieran dibujadas, parecían manchas de humedad sobre su lomo, tenía unas garras muy arqueadas que se notaban puntiagudas y filosas, cuando me miró gritó como para advertirme que no me acercara y pude ver sus colmillos, sus ojos eran grandes y tenían cuatro y de color amarillos, se arrastraba como las lagartijas, esas que andan en las paredes, con sus cuatro patas ¡Se arrastraba! Pero tenían más de cuatro patas, su tamaño era como el de un gato pero su cuerpo era aplastado, lo que más me aterró de este bicho fue que abrió unas alas que se desplegaron de su lomo y voló sobre mí para posarse en otra de las paredes, se escondió en las mancha de humedad o con esta lograba camuflarse, desapareció al posarse en ella, entonces comencé a gritar llamando a Mateo, quien del susto dio un salto en la cama, le explique lo sucedido pero no me creyó, me dijo que era imposible que no existía tal animal, que seguramente fue un mal sueño, una pesadilla, se molestó conmigo y siguió durmiendo.
Yo no quería apagar la luz, pero cerca de las cuatro de la madrugada los parpados se me cerraron solos, el cansancio venció mi estado de miedo, el velador cayó al piso, creo que aquel animal pretendía dejarme en la oscuridad, seguramente su intención era alimentarse de mi terror, entonces pensé en quedarme muy quieta, fingir estar dormida, para ver lo que estas criaturas pretendían, pude verlas salir de las manchas de humedad, el pánico se apoderó de mí, casi no lograba respirar, de cada mancha de humedad salieron dos de estos engendros, tenía en mis paredes un total de catorce de monstruos rastreros, eran rápidos, muy veloces al moverse, podía escucharse algunas cosas caerse por la casa seguramente, había más de estos engendros del demonio y estaban lanzando con sus colas los cuadros al moverse, ¿Acaso la casa estaba llena de esos horribles animales?,  podían verse sus cuatro ojos brillar en la oscuridad, la luz de la luna provocaba que se vieran las sombras de estos rastreros, entonces uno voló desde la pared y se subió a la cama, me armé de valor y esperé, producía un sonido perturbador cuando sacudía sus alas, noté que aquel animal se subía al cuerpo de mi esposo, grité con todas mis fuerzas y las criaturas volaron todas juntas para ocultarse produciendo chirridos y sonidos con sus alas. Mateo no se despertó con el alboroto de esos animales, lo sacudí con fuerzas, no me creyó lo que había visto, entonces discutimos porque él sólo quería dormir y yo quería irme de la casa, alejarme lo más que pudiera de esos monstruos, Mateo siguió durmiendo, entonces fui a la cocina para buscar algo con que defenderme en el dado caso que estos bichos quisieran asesinarnos o comernos vivos, estaba aterrada, ¿qué eran esas extrañas criaturas?, por qué estaban en mi casa, recordé entonces que mi abuela murió de un infarto mientras dormía y que estaba  intentando remodelar la casa, seguramente había despertado a media noche y uno de esos engendros la sorprendió y su corazón se detuvo por el terror que abra sentido, sentí odio porque ella había sobrevivido a un cáncer terrible y pensar que la mató del susto uno de esos horribles monstruos me provocó ira, revisé los cuartos de la casa y la mayoría de los cuadros y objetos de decoración estaban en el suelo, todas las habitaciones tenían manchas de humedad, me quedé unos instantes en la oscuridad, sólo me iluminaba el camino con la luz de mi celular y descubrí que en todos ellos vivían esas extrañas criaturas, mis ojos aterrados no podían creer que hubiera tantos de esos engendros del demonio, ingresé al baño para comprobar si allí también había alguno de esos bichos ¡Horror! una de estas criaturas estaba posada en la tina y otra en el inodoro, intente golpearlas con la escoba pero ellas eran rápidas y lanzaban chillidos agudos.
 Cuando regresé a mi alcoba después de unos varios minutos, no pude creer lo que veía, me quedé tiesa, de pie bajo el umbral de la puerta observando, mis ojos  se llenaron de lágrimas ¡Dios mío! Mateo tenía dos de estos monstruos arriba de su cuerpo, entonces enloquecí, esas criaturas demoníacas estaban intentando asesinar a mi esposo, salté sobre él para defenderlo gritando como una maniática y comencé a dar puñaladas a esos bichos asquerosos, no me contuve y no dejé ni un instante de clavar el cuchillo hasta verlos quietos, la sangre de estos animales era fría y oscura me salpicaba el rostro, yo me reí al verlas quietas, pero advertí  que una de las puñaladas se introdujo en la garganta de mi esposo, la sangre salía a borbotones de su cuello, murió ahogado en su propia sangre, asesiné sin querer a mi amado esposo, mientras gritaba y lloraba por este hecho, las criaturas apuñaladas se movieron lentamente y se arrastraron hasta las manchas de humedad donde desaparecieron.
 Ahora estoy internada, encerrada en un hospital psiquiátrico, nunca creyeron mi historia, me tomaron por loca o quizás enloquecí realmente, debo cumplir mi condena, yo amaba a mi esposo, ¡Lo juro! con el tiempo otra reclusa me dijo que ella conocía a esas criaturas, que son veneradas desde la antigüedad por tener la capacidad de sanar enfermedades mientras dormimos, ellas buscan la manera de alimentarse de las enfermedades del durmiente y sólo salen de las manchas de humedad cuando alguna persona está en peligro, entendí entonces que ellas, las criaturas, habían curado a mi abuela del cáncer, ellas sabían que asesinaría a mi esposo y trataron de salvarlo, sólo intentaron protegerlo de mí, al menos me confortaba saber que aquí esos extraños y venerados animales no podrían molestarme, pero me equivoqué, junto a la cama hay dos manchas de humedad y las criaturas salieron ayer en la noche, quizás para proteger a mi compañera de cuarto, esta noche volverán a salir, ellas no saben que le robé a la cocinera del hospital un cuchillo, les prometo que esta vez no fallaré, voy a matarlas.





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