martes, 2 de agosto de 2016

"Los Amantes" Cuentos de terror de Gótica





Los Amantes

“Cuando el amor vence las barreras de la muerte, se abre un portal y todo puede pasar, una leyenda urbana de un amor que venció los designios de la muerte”



Espero que no crean que estoy loco por haber seguido cada paso que daba mi gran amigo de la infancia, éramos inseparables y durante los últimos once meses, no contestaba mis constantes llamados telefónicos, ni atendía mi llamado a la puerta de su casa, sólo decía del otro lado, que me marchara, tenía miedo que Edgar cometiera un terrible error, más bien mi temor tenía muchos fundamentos, Edgar se suicidaría estaba seguro de eso, sabía cuánto la amaba, él respiraba por ella y ella ya no estaba, ya habían pasado ocho meses desde el asesinato de Lucía, mi amigo se encerró en su pequeña casa y ya jamás volvió a salir, al menos eso creí yo, como no preocuparme por su integridad, entonces comencé a seguir cada paso suyo, lo perseguía como el mejor de los espías. Lucía y Edgar se conocieron en la adolescencia, más precisamente en la fiesta de quince de mi hermana menor, se veían a escondidas de sus padres, se amaban demasiado, cuando Lucía cumplió 17 años, sus padres la obligaron a casarse con un abogado que le llevaba más de 35 años, fue entonces cuando comenzó esta trágica historia de amor y venganza.
Se veían en el viejo cementerio todos los días, era ahí  que se ocultaban de los ojos del pueblo para poder amarse, la madre de Lucía murió de neumonía a los pocos meses de haberse casado su hija, con la excusa de llevarle flores a su madre, Lucía y Edgar estaban dos hora juntos todos los días, en ocasiones mi amigo me decía que aquel viejo, el esposo de su amada, la golpeaba, entonces, una vez Edgar se escondió entre los árboles de su casa y al verlo llegar le tiró dos disparos, pero el viejo no murió, se la pasaba ideando cientos de maneras de acabar con la vida de don Oscar Fernández, pero el viejo ya casi no salía de su casa, había llevado su trabajo a su hogar por los constantes intentos de asesinatos, Edgar corrió la suerte de que jamás sospechó de él, nunca se entero que aquellos atentados venían de su parte, don Oscar creía que intentaban matarlo por un importante caso soborno que llevaba a cabo contra un empresa. Como les decía, ellos se encontraban en el cementerio donde se amaban. Lucía esperaba un hijo de Edgar quien desesperado estaba juntando dinero para llevársela lejos del pueblo, una tarde me enseñó una nota que ella le hizo llegar por su mejor amiga, decía “El viernes a las tres de la madrugada, cuando Oscar se duerma, iré a nuestro lugar de encuentro, tengo bastante dinero ahorrado, vamos a fugarnos mi amor juntos, ya no soporto esta miserable vida, ya no soy capaz de estar un minuto más lejos de ti, nadie destruirá nuestro amor, aunque muera hoy, ni la muerte podrá vencernos, volvería por ti cada  noche solo para amarte, eternamente tuya Lucía”.

Edgar espero toda la noche en el viejo cementerio junto a la tumba de su madre, pero ella no llego, espero allí hasta que amaneció, fue entonces a su casa, cuando vio una ambulancia y varios vehículos de la policía, cayó de rodillas al suelo, don Oscar Fernández había asesinado a Lucía de un tiro en la cabeza, le dijo a las autoridades que limpiando su arma se le escapó un tiro justo cuando su esposa le llevaba un té, Edgar estaba destrozado por el dolor, los médicos intentaron salvar al bebe en su vientre, lo quitaron de su cuerpo sin vida, todo fue en vano, su amada y su hijo habían muerto. Como no pensar que él cometería un terrible error, seguramente después de tanto dolor, algo estaba planeando, por eso decidí seguirlo, tenía miedo que matara a don Oscar o que se suicidara, lo que fuera que él tuviera en  mente yo lo evitaría.
Como cada día al caer el ocaso Edgar, se ponía su mejor traje, cortaba rosas rojas para llevarle a su tumba, caminaba lentamente con una enorme sonrisa dibujada en rostro hasta el viejo cementerio, donde le hablaba a la tumba de Lucía, lloraba, se reía, pasaba toda la noche allí, lo observaba un rato y luego lo dejaba solo, esa era su rutina,  no es fácil estar en el cementerio al caer la noche, ver a mi amigo llorar junto a las tumbas unidas de su amada y su hijo. En el pueblo se decía que Edgar se encontraba con el espíritu de su difunto amor cada noche, una vez un sepulturero dijo haberlo visto acunar a un bebe sentado en la tumba de Lucía, otros dijeron que lo habían visto encender velas negras, para invocar la presencia del espíritu de su difunto amor, conocen seguramente el dicho de, “pueblo chico, infierno grande”, tantas cosas se decía sobre Edgar que era estúpido creer alguno de los comentarios. Pero al fin descubrí la verdad, una noche me quedé escondido, observando lo que él  hacia allí, lo vi recostarse en la tumba de Lucía, jamás olvidaré aquella noche de viernes, cabeceaba evitando dormirme, cuando oí a Edgar gritar - Te esperé toda la semana, Lucía te amo”.
Mis ojos apenas pudieron creer lo que estaba viendo, el terror comenzó a asfixiarme, me temblaban las manos y las piernas, Lucía había salido de su tumba, se besaban, tenía puesto un largo vestido negro de encaje todo roto, su cabello estaba largo revuelto, sucio, estaba en estado de descomposición, ya casi no podía reconocerse, no queda casi nada de la mujer hermosa que el amaba con locura, podían verse de un costado de su rostro en putrefacción, todas sus muelas, me acerqué con cuidado arrastrándome por el pasto, cuando se besaban, unos gusanos caían de su cuello, sus manos estaban casi negras, Edgar le hizo el amor sobre la tumba. Después entre los dos, quitaron la tierra de la tumba de su pequeño niño, no pude creerlo, él bebe comenzó a gritar y Lucía lo puso sobre su pecho marchito y seco, luego Edgar acunó al bebe, hasta dormirlo, ella balbuceaba palabras que no se comprendían debido al estado de pudrición de su lengua, resultó que todos los viernes en la noche Lucía salía de su sepulcro para encontrarse con su amado, era extraño verlos, Edgar la besaba como si ella no estuviera muerta, hablaban, reían lloraban, hacían el amor, se amaban hasta el amanecer.

Al poco tiempo Edgar asesinó brutalmente a don Oscar Fernández, lo mató a golpes con sus propios  puños, imagínese la ira de Edgar mientras terminaba a golpes con la vida del abogado, dicen que el viejo estaba tan golpeado que era irreconocible, ese mismo día la policía lo encontró muerto en sobre la tumba de Lucía, se había suicidado, se había quitado la vida después de vengarse del hombre que mató su sueño de amor,  jamás olvidaré a mi mejor amigo, aún puede verse a los amantes los viernes a las tres de la madrugada, amarse en el viejo cementerio, muchos cuentan haber oído un bebe llorar los viernes a la madrugada, otros dicen haber visto sus espíritus, esta bella y trágica historia de amor con el correr del tiempo la creerán una leyenda urbana, contarán cientos de historias sobre ellos, los difamaran, los veneraran, pero yo soy quien tiene la verdad, ella volvió de la muerte, cada viernes para llegar a la cita prometida, Edgar, Lucía y el niño, ahora descansan en paz y jamás sus almas saldrán del viejo cementerio donde se amaran eternamente.






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