martes, 2 de agosto de 2016

"Los Amantes" Cuentos de terror L.C.D








Los Amantes



  Espero que en algún momento su alma descanse eternamente en paz, que deje de vagar por esta tierra, él ya no pertenece al mundo de los vivos, su lugar  ahora corresponde al reino de los muertos, ¡Pobre Edgar! cada vez que paso por el lugar donde fue hallado su cuerpo, me persigno y pido a dios por el descanso de sus almas, recé tanto por mi compañero que a veces creo que fue en vano, eché tantas plegarias inútiles al cielo suplicando para que mi amigo encontrará la manera de vivir sin ella, pero Edgar no le pedía a los santos ni a los arcángeles ni a virgen ni dios, él provocó al infierno,  una tarde me dijo - Si es verdad que existe el diablo que la traiga de regreso, porque tu maldito y adorado dios no quiere escucharme.-
Edgar suplicó al mismísimo demonio y quizás fue culpa de haberlo desafiado todo este desastre que ocurrió, quizás  condenaron su alma,  porque sé muy bien que ni aun estando muerto encontró la paz. Por favor les pido que me crean, Edgar era mi gran amigo de la infancia, éramos inseparables y durante las últimas semanas de su vida, no contestaba mis constantes llamados telefónicos, ni atendía los golpes a la puerta de su casa, sólo gritaba del otro lado que me marchara, tenía miedo que Edgar cometiera un terrible error,  Edgar se suicidaría estaba seguro, sabía cuánto la amaba, él respiraba por ella y ella ya no estaba, ya habían pasado ocho meses desde el asesinato de Lucía y mi amigo se encerró en su pequeña casa y ya jamás volvió a ser el mismo, los dos primeros meses pensé que era normal, estaba de luto por la pérdida de su gran amor, luego supe que acudía a espiritistas y brujos en busca de alguna pócima que despertara a Lucía de la muerte, ¿cómo no preocuparme por su integridad por su salud mental? Entonces comencé a seguir cada paso suyo, lo perseguía como el mejor de los espías, una tarde de 16 de Junio de 1952, regresaba a casa y lo encontré inclinado sobre la hierba con una lupa en su mano, me dijo que buscaba una planta que necesitaba urgente para sus experimentos, aquella tarde lo ayudé a juntar flores y platas, caminamos por el bosque, por los caminos de tierra alejados de toda presencia humana, por carreteras donde ni automóviles pasaban, íbamos buscando una especie de plata muy rara, cortando todo tipo de hierbas, el estramonio provocó en Edgar una enorme y desfigurada sonrisa en su rostro, la belladona lo llevó a la melancolía, me ordenó ponerme un pañuelo sobre la nariz mientras guardaba bayas de esta flor en un frasco, me dijo - La belladona es una planta de la familia de las solanáceas, sus bayas son negras y brillantes, de un tamaño similar al de las cerezas, las ves, son tan hermosas, aunque su sabor es amargo, contienen un alcaloide llamado atropina, en pequeñas dosis provoca alucinaciones, delirios, pérdida de memoria, parálisis y hasta la muerte, lo más interesante es que una única baya puede matar a un niño, su uso se remonta a la Antigüedad, la llaman la droga o la flor de las brujas, la faceta venenosa de la belladona despertó el interés de la reina Cleopatra, vislumbró su uso cuando planeaba su suicidio, tú sabes muy bien que la botánica y la ciencia son mi trabajo, he traído diferentes especies de  África,  India, Caribe, y .así querido amigo una gran variedad de plantas, hongos y drogas de laboratorio podrían ser capaces de despertar a un cuerpo muerto, no sólo llevarte a la muerte.-
-       ¿Qué piensas hacer? ¿Planeas traer de la muerte a Lucía?- Le pregunté.
-       Sólo divagó, investigo probabilidades, un cuerpo muerto no puede volver a la vida, quizás la atropina junto a la adrenalina entre otras drogas pudieran revivir un corazón ¡Pero no, no es suficiente!.. No dejo de pensar, analizo y pienso en que quizás si el cerebro recibe un junto de drogas especificas…No me hagas caso es una locura.- Dijo Edgar, se veía ansioso y hacía pausa luego levantaba la voz.
-       Lo que sucedió con Lucía es lamentable, triste y horrible, pero déjala descansar.- Le dije.
  
 Lucía y Edgar se conocieron en la adolescencia, era la fiesta de quince de mi hermana menor, ella tenía 17 años y él 24, se veían a escondidas de sus padres, se amaban demasiado, cuando Lucía cumplió 18 años contrajeron matrimonio, jamás podré olvidarlo, fue una boda encantadora, la vida les sonría, en todo les iba bien, compraron una hermosa casa cerca del hospital donde él trabajaba, eran un matrimonio feliz. A los tres años de casados ella quedó embarazada, la vida no podía ser más maravillosa para ellos, hasta que una tarde, él recibió la terrible noticia de que su esposa había sido arrollada por un hombre ebrio frente a su casa, esto le provocó que el parto se adelantara, Edgar sólo llegó a verla minutos antes de ser ingresada a la sala del hospital donde daría a luz a su hijo, Lucía tenía golpes demasiados notorios por el accidente, le dijo entre susurros – Mi amor, tengo miedo, recuerdas cuando éramos novios que todos los viernes nos veíamos a las 3 de la madrugada en la plaza…-
-Ya no hables, debes juntar fuerzas para traer al pequeño, te amo Lucía.- Dijo Edgar.
- Escúchame,  si muriera hoy, sé que ni la muerte podrá vencernos, volvería por ti cada viernes en la noche sólo para amarte, siempre seré tuya.-
Lucía murió aquel nefasto día después de dar a luz a un bebé muerto.

Edgar estaba destrozado por el dolor, su amada y su hijo habían muerto, hace cuatro semanas que mi amigo camina en esta tierra viéndose como un muerto vivo, no soportó verlo así, ¿Cómo no pensar que él cometería un terrible error? Toda su vida se derrumbó por culpa de un borracho, y ahora cuatro semanas después estaba planeando revivir el cuerpo de su esposa, Edgar había enloquecido, por eso decidí seguirlo, tenía miedo que matara a Oscar el conductor del automóvil que atropelló a Lucía,  o que se suicidara, lo que fuera que él tuviera en  mente yo lo evitaría.

Como cada día al caer el ocaso Edgar, se ponía su mejor traje, cortaba rosas rojas para llevarle a su tumba, caminaba lentamente con una enorme sonrisa dibujada en rostro hasta el viejo cementerio, donde le hablaba a la tumba de Lucía, lloraba, se reía, pasaba toda la noche allí, lo observaba un rato y luego lo dejaba solo en su delirio, seis semanas desde la muerte de Lucía y él ya no hablaba conmigo, sólo seguía su rutina,  no es fácil estar en el cementerio al caer la noche, ver a mi amigo llorar junto a las tumbas unidas de su amada y su hijo. En el pueblo se decía que Edgar se encontraba con el espíritu de su difunto amor cada noche, una vez un sepulturero dijo haberlo visto acunar a un bebe sentado en la tumba de Lucía, otros dijeron que lo habían visto encender velas negras, para invocar la presencia del espíritu de su difunto amor, conocen seguramente el dicho de, “pueblo chico, infierno grande”, tantas cosas se decía sobre Edgar que era estúpido creer alguno de los comentarios. Pero al fin descubrí la verdad, una noche me quedé escondido, observando lo que él  hacia allí, lo vi recostarse en la tumba de Lucía, jamás olvidaré aquella noche de viernes, cabeceaba evitando dormirme, cuando oí a Edgar gritar
-       Lucía te amo”.
Mis ojos apenas pudieron creer lo que estaba viendo, el terror comenzó a asfixiarme, me temblaban las manos y las piernas, Lucía había salido de su tumba, se besaban, tenía puesto un largo vestido negro de encaje roto, su cabello estaba largo revuelto, sucio, estaba en estado de descomposición, ya casi no podía reconocerse, no queda casi nada de la mujer hermosa de cabello dorado que él amaba con locura, podían verse de un costado de su rostro en putrefacción, todas sus muelas, me acerqué con cuidado arrastrándome por el pasto, cuando se besaban, unos gusanos caían de su cuello, sus manos estaban casi negras, Edgar le hizo el amor sobre la tumba. Después entre los dos, quitaron la tierra de la tumba de su pequeño niño, no pude creerlo, el bebé comenzó a gritar y Lucía lo puso sobre su pecho marchito y seco, luego Edgar lo acunó hasta dormirlo, ella balbuceaba palabras que no se comprendían debido al estado de pudrición de su lengua, resultó que él había encontrado la fórmula exacta para revivir a su esposa, traerla del reino de los muertos, por supuesto  la llevó a su casa.
Al día siguiente el pueblo entero hablaba sobre la casa de Edgar, había tapiado las ventanas y puertas y se escuchaban gritos, intenté hablar con él pero apenas lo vi, quitó una de las maderas y asomó medio rostro para verme, estaba llenó de moretones y cortes en su rostro, cuello y manos, - Debes regresarla a la tumba.- Le dije.
-       Cualquier persona que se atreva a tocar a mi familia la mataré con mis propias manos, vete y no regreses nunca más.- Me dijo, su mirada era triste.
-       Entiéndelo Edgar, ella no es tu esposa, sólo dios sabrá que es ahora, salva tu vida mi querido amigo.- Le supliqué.
-       Es tarde, lo siento Antonio.- Dijo Edgar y cubrió la ventana.

 Durante los tres días siguientes  pasaba por ahí, podía escuchar los gritos desgarradores de Lucía, y hasta los pude ver espiando por entre las maderas en las ventanas del living,  Edgar la besaba como si ella no estuviera muerta, le habla, reían, lloraban, ella lo mordía cada vez que él intentaba abrazarla, el bebé lloraba sin cesar.

Aquella noche, Edgar asesinó brutalmente a Oscar Fernández el conductor del automóvil que terminó con la vida de su familia, lo mató a golpes con sus propios  puños, imagínese la ira de Edgar mientras terminaba a golpes con su vida , dicen que estaba tan golpeado que era irreconocible,  después de vengarse del hombre que mató su sueño de amor, provocó un incendio en su casa, murió con su familia,  jamás olvidaré a mi mejor amigo, esta bella y trágica historia de amor con el correr del tiempo la creerán una leyenda urbana, contarán cientos de historias sobre ellos, los difamaran, los veneraran, pero yo soy quien tiene la verdad, Edgar creo el virus T1RV10 en año 1952, conocido hoy como el virus zombie,  ya estoy demasiado viejo y lleno de recuerdos, han pasado cuarenta años, su casa fue reconstruida por la hermana menor de Edgar, quien estaba más loca que él, seguramente alguno de descendientes descubrió el  laboratorio que Edgar tenía en el sótano y provocó que los muertos regresen a la vida.









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