jueves, 9 de agosto de 2012

La Dama De Blanco cuento


Cuando tenía 24 años, una noche del mes de febrero, una calida noche de
estío, caminaba por la vereda del cementerio, volvía de un concierto,
cansado y casi alcoholizado, me senté un rato, a esta hora no había
ningún trasporte publico que me llevara a mi casa, no tuve más opción que caminar, me tomé de la reja y comencé a mirar hacia adentro del
cementerio por curiosidad, se veía tan escalofriante, recuerdo que cuando era yo un niño quería pasar una noche encerrado en el cementerio para descubrir que sucedía allí en la madrugada, tantas cosas suelen decirse de los cementerios, ansiaba ver a algún espíritu, cosas de pibes, con mis amigos en varias oportunidades lo intentamos pero siempre algún sereno nos descubría y terminábamos corriendo para que no nos alcanzaran y nuestros padres no se percataran de las cosas que hacíamos, mi historia preferida era la del hombre que se había ahorcado, se decía que todos los viernes a las 12 en punto podía verse el espíritu del ahorcado pendiendo de la rama del viejo árbol dentro del cementerio donde se quito la vida, se contaban muchas leyendas sobre aquel pobre tipo que se suicido por amor, colgándose la soga al cuello por una joven mujer que murió y el quedo perdidamente enamorado al limite de ahorcarse frente a su bóveda en fin, solo historias de fantasmas para asustar a los niños. Me esperaba una larga caminata hasta llegar a mi casa, fumé un cigarrillo, mi cabeza no
pensaba en nada ya, fue entonces que miré dentro del cementerio otra vez,
vi a una chica sentada junto a una bella estatua, aquel ángel era el más
vistoso del cementerio, me miró y me llamó con su mano, sonreí y salté la
reja, caminé tambaleando pisando las tumbas, pateé varios floreros, me
llevé por delante una cruz de madera, la dejé rota, hasta llegar a ella,
tenía el rostro cubierto por su hermoso cabello dorado, tenía puesto un
vestido blanco y largo, muy delicado, sus manos apoyadas sobre sus
rodillas, lloraba, su llanto parecía llegar al fondo de mi corazón, como
una dulce melodía de ángeles, me acerqué más aún a ella, puse mi mano
en su hombro,
- ¿Necesita ayuda señorita?- Le pregunté cordialmente
- ¡Es tan bello lo que han escrito que no puedo dejar de llorar!- Exclamó
ella sin dejar de esconderse tras su largo cabello. Entonces me senté a
su lado, mire hacia arriba la estatua del ángel parecía observarme,
por un momento pensé que aquellos ojos duros me habían mirado,
entonces posé mi mano sobre la mano de la chica, estaba tan fría, ella
tomó mi mano con fuerzas,
- ¡Estas muy fría!- Exclamé y la cubrí con mi campera
- ¡Gracias!- Dijo ella
- ¿Cuál es tu nombre?- Pregunté
- Soy Melisa.- Dijo ella y descubrió su rostro y me miró a los ojos, fue
inexplicable lo que sentí en ese instante, fue como a ver visto un
rostro divino, fue como ver un hada o una ninfa, esa chica no parecía humana, si no hubiese esta alcoholizado no me hubiera arriesgado a entrar al cementerio, pero aquella hermosa joven por mas loca que estuviera por andar en el cementerio en la noche merecía el riesgo de que algún sereno nos descubrirá allí y llamara  ala policía, después me abrazó apoyando su cabeza en mi pecho, mi corazón latía rápidamente,
- Esos poemas que me han escrito son tan bellos, por eso lloro.- Dijo la
chica, entonces la abracé fuerte, ella acaricio mi rostro,
- Tus ojos reflejan un alma tan pura, extraño mi alma, ve, lee los
poemas que están en las placas de plata sobre aquel nicho. Dijo la
Chica y señaló un viejo nicho de paredes de mármol negro.
Caminé un poco asustado hasta allí, los poemas hablaban de una mujer
joven que Dios se la llevo prontamente, cuando leí el nombre de la chica el
terror me asechó, “Querida hija Melisa Sanz”, decía la leyenda, giré rápidamente asustado para verla, ella ya no estaba, había desparecido, solo se oía el viento y las ramas del árbol del ahorcado se mecían solas, la estatua del ángel junto al árbol movió los ojos, corrí tan rápido como pude para huir del cementerio, fue tal el miedo que me orine encima, juro que la estatua me miro, que movió los ojos,  la borrachera se me esfumó por el miedo intenso que sentí cuando me di cuenta que aquella chica estaba muerta.

A las dos semanas no soporté más la curiosidad, nadie me había creído mi historia, mis amigos se reían de mí, entonces fui al cementerio como a las cinco de la tarde, me quedé allí por largo rato, hasta que un viejo sepulturero me dijo que el cementerio ya cerraba sus puertas, fue entonces que le pregunté por la tumba de melisa Sanz, el respondió,
- Ella era una joven aristocrática, su madre tenía de amante al mismo prometido de la chica, una noche su madre la drogó con pastillas para hacer su cosas con el amante siempre lo hacían, digo drogarla para acostarse juntos, pero esa trágica noche la droga no le hizo el suficiente efecto, la chica despertó, encontrando a su madre y su novio en la cama, entonces ella fue a su cuarto cerró sus puertas y se suicidó cortando sus venas, se mató por amor, su padre era un famoso poeta y todos sus amigos han hecho esas bellas placas con poemas en su memoria.- me relató el sepulturero.
- Yo la vi, a ella puede estar viva aún.- le dije, el hombre se rió de mí.
- ¡No joven!, usted lo que vio es su espíritu, aquí le dicen la dama de blanco, porque camina por el cementerio con su largo vestido de blanco,
muchos más la han visto, tenga mucho cuidado, ella es un alma en pena,
muchos creen que ella puede matarte, una vez encontramos a un chico junto a su nicho muerto, de ahí que ninguno de nosotros pasamos por aquí de noche.- Dijo el sepulturero, puso su pala en el hombro y se marchó riéndose de mí. Aquella noche fui como a las 3 de la madrugada al cementerio, quería verla nuevamente, la esperé toda la noche y nada no lo vi, los siguientes 7 días volví en la noche para encontrarla, pero no tuve suerte, no la vi, al año ya olvidando aquel episodio, una noche de verano sin darme cuenta pasé por las puertas del viejo cementerio, y la vi llorando junto al ángel, salté la reja y corrí, en varias ocasiones la había soñado, y la había tenido en mi mente siempre, cuando me acerqué a ella, estaba con su cabello cubriendo su rostro, le dije en un tono de voz muy alto,
- Eres la dama de blanco, la chica que se suicidó por amor.- La joven, se
levantó y comenzó a caminar sin responder, yo caminé detrás suyo,
- Eres la dama de blanco.- Le grité varias veces, hasta que ella, se
quedó tiesa parada junto a la puerta de su nicho, sin moverse,
dándome la espalda, puse mi mano en su hombro,
- Eres la dama de blanco, la joven que se suicidó por amor.- Le dije con
un tono de voz muy bajo, casi como un susurró, su hombro se sentía
caliente, ella giró rápidamente, tan rápido que salté del susto, su
verdadero rostro me provocó un infarto, al otro día encontraron mi
cuerpo en la puerta del nicho de Melisa Sanz, cubierto con aquella
campera que le di cuando la sentí fría un año atrás, ahora estoy aquí
en el cementerio junto a muchas otras almas que ella guarda

celosamente.





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