martes, 14 de agosto de 2012

Las Galletas de la Abuela- Cuentos de terror



Las Galletas de la Abuela


Mi pequeña historia transcurre en una pequeña y antigua casa de Buenos Aires, en un pueblo, el que deseen imaginar, es un día de lluvia del mes de julio, hace frío, en el living un anciano enciende el hogar para calentar la casa, silva un tango, “caminito”, en la cocina una anciana retira del horno unas galletas recién horneadas, - Ya están las galletas. ¿Qué hora es?- Grita preguntándole al marido. Quien ingresa, la besa con ternura en la frente y responde - Van a ser las cuatro de la tarde, la señora del orfanato no viene hasta las cinco, los niños estarán felices al recibir las galletas mi amor, vas a ver que con este buen gesto nuestro no van a seguir destruyendo nuestro jardín, tus rosales y jazmines volverán a dar flores, los niños no van a lanzar más piedras y excremento de caballo para molestarnos, serán buenos vecinos.- dijo Hugo.
La anciana le sonríe tiernamente mientras va llenando la caja de galletas, de repente se escucha el timbre, la anciana abre la puerta, una joven pareja la sorprendió del otro lado.
- Disculpe señora nos permitiría usar el teléfono se nos quedó el auto, mi novia esta embarazada y con esta lluvia no puede esperar el auxilio.- Preguntó el joven
- Bueno pasen chicos, hace frío y tenemos el hogar encendido, lamentablemente el teléfono no funciona desde que comenzó la tormenta. – Dijo la anciana. La pareja se sentó junto al hogar.
- Soy Hugo, mucho gusto.- Dijo el anciano extendiéndole la mano.- ¿Que los trae por este pequeño pueblo? Preguntó
- Queremos dejar la capital y criar a nuestro hijo en un lugar más sano. – Respondió el joven.
- Que pena que no llegaron antes, la semana pasada vendimos una propiedad que teníamos con mi señora. -Dijo el hombre, el joven se incorporó de un salto, se quitó de la cintura un arma de fuego y apuntándolo al anciano gritó
-Ya sabemos de la plata de la venta viejo de mierda, te entregaron, tráela.- Dijo el joven tembloroso
- Tranquilo ahora la traigo, por favor no le hagan nada a mi esposa, yo voy arriba a buscarla y aquí no ha pasado nada.- Dijo Hugo, tomó el bastón y comenzó a subir lentamente los escalones.
La anciana entró al living trayendo una bandeja,
 - Les traigo té para que calienten el cuerpo. -Dijo y se sentó, el joven escondió el arma en la cintura y tomo la taza que la dulce mujer le ofrecía,
- Sabe una cosa joven, mi esposo y yo esta noche nos vamos de viaje, espero que ya no llueva... Notó que tenían hambre ¡sírvanse cuanto quieran! - Dijo la mujer.
A los pocos minutos el anciano bajo las escaleras, un relámpago estalló, la electricidad se corto en la casa, Hugo se acercó lentamente, la anciana estaba sentada junto al hogar siendo apenas ilumina por las llamas de la chimenea, otro relámpago estalló, el anciano pudo ver los cuerpos de los jóvenes tendidos inmóviles sobre la alfombra, en las manos duras yacía una galleta sin terminar de degustar,
- ¡Mi amor!.. Carmencita...las galletas eran para los huérfanos.- Le dijo Hugo a su mujer.
La anciana hizo una pequeña sonrisa y dio un sorbo al té, el reloj marcó las cinco de la tarde, el timbre de la calle sonó en las penumbras,
- Es la mujer del orfanato. - Dijo Hugo
Carmen caminó con lentitud hacía la cocina en busca de la caja de galletas.










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